La Navidad inolvidable que muchos esperaron con regalos y alegrías, cambió dos horas después a causa de un terremoto de 6 grados que acabó con la felicidad y la esperanza. La Nochebuena se convirtió en trágica y en una pesadilla para un pueblo que perdió desde el televisor hasta los utensilios de cocina.
Ahora los residentes de Puerto Armuelles se sienten inseguros al dormir, lo hacen en familias y al aire libre, para evitar nuevas desgracias, si se registra un sismo similar.
Tomás Quintero Rodríguez explicó lo que ocurrió en ese momento trágico. "Nosotros ya estábamos acostados, cuando de pronto tembló y se fue la luz, cuando el movimiento se detuvo un poco logramos salir para evitar que la casa nos cayera", contó.
La tristeza era evidente en la cara de Tomás, tras recordar con profundo dolor y con palabras entrecortadas que una vez terminado el movimiento telúrico, su casa se había caído. El lugar donde crecieron sus hijos y que con mucho esfuerzo y sacrificio logró construir, se había ido al suelo.
Destacó que ya lleva dos noches durmiendo al aire libre. Además, su esposa tiene que cocinar en un improvisado lugar, pues hay que alimentar a ocho personas.
Aceptó que tal vez la casa no tenía las mejores facilidades, pero la realidad es que aunque se quisiera hacer con todas las medidas de seguridad, el dinero no alcanza para tanto y "los pobres hacemos lo que podemos".
A pocos metros de la residencia de Tomás, en la barriada El Retorno, tres niños viven con sus padres, quienes se sienten llenos de temor por la experiencia vivida.
Una asustada menor de 10 años de edad recordó que al momento del sismo sintió que algo la alzó por los pies y se llenó de tanto temor que no pudo resistir las lágrimas y el espanto aquella noche.
Mientras que su hermano, de 13 años, quien dormía sólo en la casa, narró que un bloque lo despertó al caerle en el pie.
Las historias abundan en Puerto Armuelles, pero todas coinciden en el mismo dolor y temor.
Las lágrimas también llegaron a los ojos de Elena González, tras ver cómo los funcionarios asignados destruían su casa y con una retrocavadora se la llevaban en pedazos.
"Yo estaba dormida aquella noche y la casa se me cayó, ahora se la llevan en pedazos", sollozó con profunda tristeza.
Lo cierto es que en Puerto Armuelles el temor no desaparece, porque las réplicas recuerdan a los habitantes el momento del terremoto.