Nación

¿Cuánto cuesta iniciar un proyecto?


En cada Granja de Producción Sostenible hay una inversión global de 40 mil balboas, dividida en tres segmentos: el capital semilla, la asistencia técnica y la mano de obra. Aunque no se les paga a los pobladores que participan en las respectivas granjas, se cuenta el valor de su trabajo.
El capital semilla que se entrega a los residentes del pueblo donde se instalará la granja no es en dinero en efectivo, porque entregar dinero a alguien que no sabe administrarlo tendría resultados negativos.
Es por esto -añadió la directora del Patronato- que el capital semilla se entrega en insumos, como animales para cría y herramientas. Este capital es de unos 12 mil balboas, que son proporcionados por la empresa privada que muestre interés de patrocinar la granja.
Además, hay que comprar el terreno, que generalmente tiene un promedio de 300 balboas la hectárea. Estas son áreas de bajo costo, porque frecuentemente son rastrojos, que luego se convierten en lugares de gran producción. Sin embargo, en las provincias de Herrera y Los Santos los terrenos son más costosos.
El 80% de los gastos de funcionamiento del Patronato se financia con un subsidio estatal de 650 mil balboas anuales. El resto se logra con la organización de actividades como subastas de obras de arte, torneos de golf y rifas anuales. Sin embargo, también hay programas de instituciones extranjeras como el Fondo Internacional para el Desarrollo de la Agricultura (FIDA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), además de apoyo técnico de países como Israel, Chile, Argentina y Cuba.
La instalación de una granja es un proyecto totalmente diferente a los programas estatales. Pese a que aún no se ha llegado a esta etapa en ninguna granja, el objetivo final es que las personas que forman parte de la granja formen una asociación productiva, que puede ser en forma de cooperativa, explicó la funcionaria del Patronato.
Una vez que se consolide esta organización productiva, "nosotros simplemente le venderemos el terreno a esa entidad, al mismo precio que fue comprado, sin tomar en cuenta las mejoras, ni el tiempo que ha transcurrido", informó.
El propósito es evitar que pase lo ocurrido con los asentamientos campesinos, los cuales se repartieron las tierras, pues nunca se les enseñó a trabajar en grupo.
Actualmente en el país hay 195 granjas, de las cuales 60 están en Veragüas, 34 en Chiriquí, y 28 en las áreas rurales de Panamá, incluyendo una en la comunidad de Mocambo.
Otras 25 granjas fueron establecidas en Coclé, 22 en Colón, 10 en Herrera, 5 en Kuna Yala y 2 en Los Santos. En Darién no se han instalado granjas, porque otras Organizaciones No Gubernamentales mantienen programas intensivos para reducir la desnutrición en esa provincia.
Para el año 2002 hay una meta de llegar a las 341 granjas y para el 2004 el objetivo es establecer 600 granjas. "Pero no es tan fácil llegar a esa cantidad de granjas y nuestra prioridad no es cumplir sólo una meta, sino hacer que la gente asimile el proyecto y entienda que puede mejorar sus condiciones de vida. Si la gente no lo asimila, el proyecto fracasa, porque no se les puede forzar", insistió Gallegos.
Lo primero que se hace en las comunidades es un análisis socioeconómico para determinar las condiciones |de la familia, y de esa manera corroborar que es un lugar que necesita el proyecto. Esta fase incluye un estudio antropométrico, para conocer la talla y peso de los niños, y los niveles de desnutrición. Luego de un año se realiza otro estudio para medir el impacto.
La directora administrativa del Patronato de Nutrición señaló que lo principal para establecer una granja es la obtención de tierras, y que usualmente se utilizan tres a cinco hectáreas para desarrollar el proyecto.
Recordó que "entre 1995 y 1996 las granjas eran establecidas en terrenos prestados por algunos lugareños, pero cuando el área ya no era un rastrojo, sino que ya tenía un sistema de riego instalado, un estanque de peces y una diagramación de producción según rubros, el dueño alegremente nos ha dicho: muchas gracias por trabajar conmigo, pero el terreno es mío y quiero que se vayan".
En diversas ocasiones ocurrió esto, aunque había de por medio un acuerdo firmado, en el cual el dueño del terreno se comprometía a prestarlo durante un tiempo determinado, y a no exigir prebendas adicionales. Aún así, los propietarios expulsaban a los miembros del Patronato de sus tierras y se quedaban con el proyecto, relató.
A raíz de esa experiencia, el Patronato decidió que compraría la tierra donde se instalarían las granjas. Pero, antes de adquirir la tierra, se inicia un programa de capacitación.
Aunque lo primero es conseguir los terrenos, el problema más serio es lograr que la gente tenga disposición para trabajar en una granja. Hay comunidades donde la gente prefiere que les regalen la comida, en lugar de trabajar.
Por esto lo primero que se hace es capacitar, y a veces en esta etapa es cuando nos percatamos de que las personas no tienen interés. Cuando es así, sencillamente no se inicia, manifestó Gallegos. Esto ha pasado en lugares donde hay tierras, agua y todo, pero no hay ganas de trabajar, sostuvo. No obstante, la mayoría de las comunidades asimila el proyecto, asume el compromiso y pone su esfuerzo para que la producción sea máxima.
Asimismo, explicó que durante los dos primeros años del desarrollo de la granja, el Patronato de Nutrición otorga asesoría técnica una vez por semana. Al tercer o cuarto año la asistencia es una vez al mes. Se trata de orientación en técnicas de producción, manejo de fondos y mercadeo para vender los excedentes.
Hasta mayo de 2002
Bocas del Toro

6

3

9

0

20

Coclé

22

3

25

29

61

Colón

18

4

22

4

25

Chiriquí

21

13

34

4

60

Herrera

8

2

10

13

10

Kuna Yala

0

5

5

0

5

Los Santos

2

0

2

4

4

Panamá

28

0

28

2

46

Veraguas

47

13

60

4

110

Total

152

43

195

60

341


(*)Cantidad de granjas proyectadas al final de 2002.
Para iniciar los trabajos en una granja se necesita la participación de 12 a 15 familias, con un promedio de seis miembros. No obstante, en las áreas indígenas pueden ser hasta ocho personas por familia.
Entre los pobladores se elige una junta directiva, con su respectivo presidente. Se hace énfasis en adiestramiento para trabajar en grupo, porque nuestro campesino es muy dado a trabajar de forma individual y familiar. Una vez capacitada y con asistencia permanente, la gente tiene que trabajar la tierra, cuidar el proyecto y mantener una producción sostenible en la granja.
Ellos tienen un manual de granjas y siguen un cronograma de actividades mensuales, que prepara el Patronato. Además tienen que administrar una cuenta de ahorros, donde mantienen los fondos, producto de la venta de los excedentes. "Se les acompaña en las decisiones que toman en lo referente a tipos de siembra y se les asesora para que sean más eficientes en su producción. También se les da asistencia para la organización y se les ayuda a llevar sus libros", expresó.
A cada familia le corresponde cuidar a los animales dos veces a la semana, lo cual incluye su alimentación. "La gente trabaja sola, si no tienes esa disposición, no sirve el proyecto", apuntó Gallegos.
El proyecto de las granjas cambia un poco cuando se trata de áreas indígenas, pues estos son grupos que les cuesta más asimilar los cambios, expresó Gallegos. En los lugares indígenas el patronato no compra los terrenos para la granja, porque allí las tierras le pertenecen a la comarca, y las autoridades son las que asignan las tierras a las personas, quienes no la pueden vender.
Por esa razón -explicó Gallegos- lo que se hace es un acuerdo con la comarca para que le permitan a una persona de la comunidad poner su propiedad a disposición de la granja durante 10 años.


fecha edicion
old id
89187
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América