Como no se les practica la prueba del SIDA a los que ingresan, las condiciones carcelarias de hacinamiento y promiscuidad hacen que la enfermedad pase inadvertida de cuerpo en cuerpo.
Sólo cuando pasa el tiempo de ventana y el SIDA sale a flote, se procede a juntar al contagiado con otros infectados con el virus, que se vigoriza en cuerpos debilitados por las condiciones de encierro.
Enélida Guerra y Vielka Pérez, coordinadoras del Servicio de Salud Penitenciaria del Ministerio de Salud (MINSA), mencionan la hepatitis, neumonía, tuberculosis y SIDA como las enfermedades frecuentes.
Reconocieron que lo que se hace no se percibe, por la gran cantidad de personas detenidas.
Pérez explicó que se han logrado separar a los que padecen de determinadas enfermedades en un mismo sitio, a fin de evitar que contagien al resto del grupo.
El MINSA destina unos 60,000 balboas mensuales para el aspecto médico de las cárceles en Panamá, incluyendo horas hombre.
Esta cárcel sobrepasa en 81% su capacidad, que es de 1, 850 personas. Además del hacinamiento, es deficiente la atención médica.
Con sólo una ambulancia para más de 3, 000 personas, es fácil imaginarse lo que pasa cuando el vehículo no está y ocurre alguna urgencia.
Todo parece único en este penal, pues sólo hay una auxiliar y un médico para atender tres veces a la semana, y por unas horas, una población que por las condiciones en que convive, sufre con frecuencia de problemas intestinales, tuberculosis, bronquitis, infecciones en la piel y hongos.
Si tener un médico general en la clínica es toda una novedad, ni pensar en un odontólogo. También escasea el alcohol, las gasas, las jeringuillas y demás instrumental básico.
La clasificación de los detenidos es otra de las secciones muertas de la Ley 55. Los reclusos tratan de resolver a su manera el tema de la clasificación. Primero hacen la advertencia a las autoridades de los inconvenientes que pueden surgir cuando el nuevo inquilino es integrante de alguna banda o padece de alguna enfermedad contagiosa.
Si eso no funciona, recurren a los golpes y peleas. Cuando ese método falla, entonces aparece algún objeto punzo cortante que pone fin al problema.
"Si no matas, te matan", sentencia un detenido. Explica que en medio de esta situación, hasta el más calmado y "santurrón" aprende a no ser "congo".
Afirma que como el ocio es inmenso, los grandes crímenes se planifican entre "expertos" y "aprendices". Los primeros le refinan a los segundos las técnicas del delito y la dañina fraternidad se lleva a las calles. Mañana: Licitan alimentación de alimentos, ¿se acabará el problema?