Mientras la comunidad lo respeta como autoridad, sus padres lo ven como un hijo más porque no saben lo que representa que un miembro de su familia sea el presidente de uno de los órganos del Estado.
Su esposa no demuestra vanidad por el cargo que ocupa su marido, mientras que sus hijos se sienten orgullosos de que su padre sea un legislador para servir. Nada más.
Pero él es nada menos que el primer indígena a nivel latinoamericano y hasta podría decirse que del mundo, en ocupar la presidencia del Organo Legislativo. Por lo tanto, para esta etnia él representa la esperanza de que los gritos de los pueblos indígenas puedan ser escuchados.
Enrique Garrido, el presidente de la Asamblea Legislativa, es solicitado en cuanto foro parlamentario se celebre, ya sea en Europa o en América. Es más, quienes lo invitan, no aceptan un no por respuesta ni tampoco un emisario que lo represente.
El es un personaje admirado y respetado por lo que es y representa, si bien lamenta que en Panamá haya quienes no acepten que un indio administre la Asamblea.
Durante una entrevista exclusiva, realizada en el espacioso despacho de la presidencia de la Asamblea, Garrido habla de su niñez, juventud, estudios, vida hogareña, retos, metas y decisiones. Una biblia abierta sobre su escritorio, es mudo testigo de lo conversado, a la vez que constituye un signo de sus creencias religiosas.
SU VIDA CAMBIA
Antes del uno de septiembre, manejaba su propio auto, iba solo al supermercado o de compras con su familia. Ahora, lo acompañan los guardaespaldas.
"Yo me siento incómodo, porque no es mi estilo estar así", dice con humildad.
Anteriormente podía disfrutar de un día de playa pasando casi inadvertido. Hoy no puede hacerlo como un ciudadano común y corriente.
El roce político así como las relaciones con empresarios que lo invitan a sus casas de playa para tenerlo cerca, ha constituido un cambio brusco en su vida. Ya no tiene privacidad.
Su comunidad lo respeta, lo admira, aunque con eso ya vivía desde hace más de cinco años, pues éste es su segundo período como legislador. Pero ahora es distinto. Es la máxima autoridad de la Asamblea y eso, de alguna manera, suena a más autoridad, más respeto de la gente y, en especial, menos vida familiar.
INVITACIONES
Desde el día que tomó posesión de su cargo, aquel 1 de septiembre de 1999, comenzó a recibir invitaciones para visitar diferentes países.
Fue selectivo al aceptarlas y sólo lo hizo cuando se trató de foros internacionales desde los cuales exponer ante el mundo la realidad de los pueblos indígenas que él representa y cuyos individuos rara vez llegan a una posición como la que él ocupa; pero también la verdad sobre su país en general porque está convencido de que no legisla sólo para su etnia.
Estuvo presente en el Foro de los Presidentes de los Parlamentos Centroamericanos. También en el Parlamento de los Presidentes Latinoamericanos.
Asimismo ha aceptado invitaciones de gobiernos amigos para intercambiar ideas sobre política económica o social y nosotros "tenemos que estar allí".
Y de donde más le llegan invitaciones es de los pueblos indígenas "porque ellos sienten que es la primera vez en la historia de América Latina y podríamos decir que del mundo, que un indígena llega a ocupar esta posición", destacó Garrido.
Para él como representante de los pueblos indígenas es importante que se reconozca la propiedad intelectual de estos pueblos y lo planteó ante las Naciones Unidas.
Está consciente de las críticas que se han hecho por los viajes realizados, las que atribuye a la envidia de sectores que no aceptan que un indígena esté en su posición.
Lamentó que nadie critique los viajes de los ministros y, por el contrario, los aceptan porque suponen que buscan mejores relaciones entre los países. Sin embargo, a él se le hacen críticas y acepta porque a la postre, su objetivo final es que cuando él termine su período, pueda decirse que Enrique Garrido hizo algo por Panamá y los pueblos indígenas.
SU FAMILIA
Seis miembros componen su familia: su esposa, él y cuatro hijos a los que poco ve, toda vez que se levanta a las 5:00a.m. y llega muy tarde en la noche.
Tiene dos varones y dos niñas de 16, 12, 9 y la última que cumple 3 años de edad el próximo 15 de abril.
La más pequeña no es su hija biológica. Es adoptada. Pero es la consentida de todos los miembros de la familia.
¿Cómo llegó a un hogar donde ya había tres hijos? Simple: por un acto de amor.
A Quique, como le llaman sus amigos, siendo ya legislador en su primer período, le correspondió hacer lo necesario para trasladar a una señora embarazada hasta el hospital en Panamá desde Kuna Yala.
Ya aquí, se le diagnosticó una enfermedad terminal y le dieron un plazo de seis meses de vida. Al cumplir su séptimo mes de embarazo, dio a luz a una niña a la que los médicos no daban mucha esperanza de vida.
La familia pidió permiso para trasladar a la mujer nuevamente a Kuna Yala, mientras la niña quedaba hospitalizada bajo observación. Estuvo siempre pendiente de la pequeña.
Tres semanas después, la madre murió. Y he aquí que lo llamaron a él para que decidiera qué se hacía con la niña. El la recogió y se puso a pensar "¿qué voy a hacer si yo tengo tres hijos?".
Se llevó a la niña a su casa, aunque la duda persistía. A la semana, se convirtió en la consentida de su mujer e hijos, a la que le compraron todo lo que pudieron.
"Ella es algo salido de Dios", dice con una mirada de fe y sonrisa de satisfacción, que deja relucir el amor y orgullo paternos.
Luego se refirió a su esposa, que hoy es la madre de la niña, asegurando que le es fiel, y al decirlo, su cara se ilumina y adopta de repente, una postura de santo, permitiéndose una broma durante la entrevista. Ella le ayuda incluso a elegir su ropa, aunque él tiene buen gusto para vestir y sabe, según nos dijo, combinar los colores que le favorecen.
La familia Garrido viven en Los Ríos en una casa alquilada del área revertida. En Kuna Yala vive con su suegra en Wichub-Wala.
Pronto iniciará la construcción de su propia casa porque donde su suegra viven otros nietos y el espacio se ha reducido.
Su esposa, según afirma, comparte el sacrificio de su labor como legislador y presidente de la Asamblea.
Aunque vive en Wichub-Wala, de donde es su esposa, él nació en Armila. Ambas comunidades pertenecen a circuitos distintos. Así, aunque su familia es del 10-2, él es legislador por el 10-1.
ORIENES Y ESTUDIOS
Enrique Garrido fue un buen estudiante y un católico ferviente. Eso y la determinación de su madre, marcarían su vida.
Hizo sus estudios primarios en Puerto Obaldía porque en Armila no había escuela. Por tanto, pasaba toda la semana en esta población y sólo los fines de semana en Armila.
Se graduó con buenas notas y los sacerdotes de Kuna Yala lo ayudaron. Se trasladó a Ustupu, a ocho horas de Armila, para estudiar el primer ciclo. Sólo iba a su casa durante las vacaciones.
En tanto, su padre se oponía a que estudiara. "Papá quería que yo me dedicara a la siembra y cosecha, pero mi mamá se impuso y me mandó a estudiar", confiesa.
Terminados sus estudios de primer ciclo, se trasladó a Panamá para continuar el segundo ciclo en el colegio José Antonio Remón Cantera.
Pero era pobre y estuvo a punto de abandonarlos por no tener recursos para mantenerse en Panamá.
Decidió continuar y trabajar en casas de familia donde limpiaba los patios para ganarse el sustento. Para él no había cine ni diversión, según sus palabras.
Entretanto, dictaba cursos de catecismo y esa relación con los sacerdotes permitió que le ayudaran a conseguir albergue en la Residencia Nele Kantule, ubicada en Calle 77 de San Francisco, acá en la capital.
Esos sacerdotes consideraron que tenía vocación sacerdotal. Incluso, él lo creía así. Por tanto, al graduarse entró al Seminario Mayor San José donde estudió tres años la carrera de Filosofía, Etica y Religión. Le faltaba un año para graduarse cuando se percató de que ese no era el mundo que él buscaba, por distintos motivos, especialmente porque también allí existía el egoísmo. Decidió abandonar el seminario.
Recordó entonces que un sacerdote le decía: "hay dos caminos para servir a Dios: a través del sacerdocio o a través del matrimonio".
"Me decido a servir a Dios a través del matrimonio", se dijo. Así lo hizo y terminó su carrera de Filosofía, Etica y Religión.
¿COCO SE HIZO POLITICO?
Una vez graduado y casado, él iba a la comarca y la política "se le apareció" un día, luego de años de labor social entre sus congéneres.
La gente lo conocía porque cuando él visitaba la comarca les llevaba regalitos y pastillas a los niños. "Llegó Quique", decían contentos.
Como resultado de esa popularidad, el cacique le pidió que se lanzara como representante de corregimiento, lo que él no aceptó.
Después, el Congreso General Kuna lo postuló para Intendente, "pero me plancharon por política", informó.
En 1994, lo postularon para legislador por el 10-1 y a pesar de no ser nativo del circuito, ganó las elecciones.
El presidente de la Asamblea dice ser arnulfista de corazón, incluso, fue uno de los fundadores de ese partido en Kuna Yala, donde antes del 90 había 23 miembros y luego que él hizo una inscripción masiva, el partido creció, pero no por tratarse del Partido Arnulfista, sino porque la gente se inscribió para apoyarlo a él.
En las primarias para elegir al candidato presidencial por ese partido, él logró más de 3 mil votos para apoyar a Alberto Vallarino, mientras que los que apoyaban a Mireya Moscoso obtuvieron 52 votos.
Ahora, como máximo dirigente de la Asamblea, busca la gobernabilidad, mientras que el Partido Arnulfista mantiene a los llamados "saltamontes" (él es uno de ellos) expulsados.
En tanto, él debe buscar otro "barco" político para poder dar respuestas a las necesidades su gente.
¿De no regresar al Arnulfismo, sería el Partido Popular su opción? Su respuesta fue contundente: "Mientras no se haga campaña (del Partido Popular) en las bases, que no cuenten conmigo".
Si lo hacen y ayudan a su circuito, él daría el apoyo, porque "del otro lado nos tienen las puertas cerradas".
DE SUS METAS Y SU FUTURO
Entre sus metas no está incluido un próximo período como legislador, porque según lo expresara: "los puestos políticos son pasajeros, la familia es para siempre".
Ha consultado con su esposa y están de acuerdo en que si él logra sus objetivos durante este período, se retirará para dedicarse, entre otras cosas, a la docencia universitaria.
No obstante, hay un obstáculo: el deseo de la comunidad que lo eligió de que él siga siendo, como quien dice, su representante ante el resto de los panameños.
Informó que él les viene inculcando, durante las reuniones que celebra en su circuito cada tres meses, que alguien debe tomar la bandera y continuar la lucha y la respuesta siempre es la misma. "Tienes que ir tú", es la consigna.
Sin embargo, asegura que si él logra la ratificación del Convenio 169 para que se respeten los derechos de los pueblos indígenas, así como la creación de un ministerio de asuntos indígenas, se retirará a vivir tranquilo con su familia.
Empero, si no hay otro candidato, correría por un tercer período. Le procupa que aún hay discriminación social, política y laboral contra los indígenas y él dice haberlo sentido en carne propia, en la Asamblea, entre sus colegas.
Este hombre humilde, sencillo, con un modo de hablar muy propio de su pueblo, y a quien le gusta saborear un buen plato de pescado con patacones, se permitió darle un consejo a la mandataria Mireya Moscoso: que el Ejecutivo lleve respuestas concretas y que no le mienta al pueblo. Hoy el gobierno camina lento y ese pueblo no puede esperar.