Nación

De la bobería y el nuevo liderazgo nacional


El intento de la Presidenta de que la Asamblea aprobara la donación de B/. 150 millones del Fondo Fiduciario para el IDAAN fracasó, por que ella no presentó primero el proyecto de Ley de reestructuración de dicha institución. Pero el canciller José Miguel Alemán, siguiendo la costumbre de la Presidenta de echarle la culpa a otros por sus propias fallas, dio como explicación que "Arias Calderón había hecho de Martín Torrijos su congo". Al periodista que me informó del hecho, le dije: "No respondo a sandeces".
La expresión de José Miguel, digna de un patio de recreo de una escuela primaria, en boca de un canciller de la República era una bobería. Y la bobería no se transmite ni por herencia ni por contagio. Se incurre en ella por falta de madurez. No merece respuesta.
Pero ella es reveladora de una actitud, en este caso de menosprecio a la dignidad del nuevo liderazgo nacional que se perfila ya claramente a inicios del nuevo siglo. Conviene, en consecuencia, analizar el fenómeno de este liderazgo emergente y de las concepciones del mismo.
Las palabras del canciller menosprecian a los hombres y mujeres que se han ganado ser parte del nuevo liderazgo político del país. Como cada ladrón juzga por su condición, al considerar a uno de los principales líderes nuevos como "congo" de alguien, José Miguel revela que se ve a sí mismo y a su generación como objeto de manipulación.
El cuenta con que va a ser impuesto por la Presidenta como Secretario General del Partido Arnulfista y ello, sin duda, le ha sugerido que ella también podría imponerlo como candidato presidencial para el 2004. Pero al saber que no hizo nada por evitarle su reciente fracaso, se debe sentir en peligro de que ella lo considere un "traidor" y lo deje en el aire. Se apuró, por ello, a insultar a Martín en su dignidad y, de refilón, a insultar mi inteligencia, suponiendo que pretendo una burda manipulación de dirigentes.
Por su falta de madurez, José Miguel no comprende que un hombre que ya le ha dedicado la mayor parte de su vida a la docencia universitaria y a luchar por la democracia de su país, que no participa más en política electoral ni aspira a ningún cargo público, se sienta deseoso, al acercarse a los setenta años, de reconocer a personas que constituyen el relevo generacional, inteligente y preparado, del liderazgo nacional
El comportamiento del canciller corresponde así a una concepción equívoca de este liderazgo que, aunque nuevo, se rebaja en su auto-estima al papel de "congo" y desestima a sus predecesores como "congueadores". Dicha concepción deslegitima al liderazgo nuevo, pues deja a la población frustrada.
Por lo contrario, cuando trato, por ejemplo, a nuevos dirigentes como Martín Torrijos, Rubén Arosemena, Laurentino Cortizo, Ricardo Bermúdez, Milton Henríquez, José I. Blandón, Guillermo Márquez Amado, Ebrahim Asvat, Héctor Alemán, Aníbal Culiolis, Adolfo Linares Franco, Mariano Mena, Carlos Guevara Mann y Martín González, y a mujeres como Méry Alfaro de Villageliu, Dorita de Reyna, Nora Arosemena de Batinovich, Mariela Sagel, Roxana Castrellón y Sabrina Bacal, compruebo la dignidad propia y el espíritu renovador de sus declaraciones y actuaciones y siento esperanza por Panamá, por grave que sea la situación en la que el actual Ejecutivo tiene hundido al país.
Casi todos las personas que he mencionado son políticos de tiempo completo o se ocupan regularmente de los temas nacionales, tal que el país lo necesita. Están conscientes de lo que nuestro pueblo les reclama y se sienten comprometidos a introducir los cambios necesarios por vía de nuevos acuerdos y nuevos consensos. Me siento complacido que, en el respeto mutuo, tengo con casi todos y todas una posibilidad de franca comunicación política e intelectual. Y agradezco que les interese conocer mis puntos de vista. Reducir la relación con ninguno a la manipulación, al "congueo", es más que una bobería, una grave falta de conciencia.
De todos los que he mencionado, no tenía predisposición a establecer un vínculo amistoso con Martín Torrijos, por razones de mi oposición sistemática a su padre, al régimen que encabezó y al partido que le sirvió de instrumento. Nunca había intercambiado una palabra con él hasta principios del año 2000, cuando ambos contribuimos a la elaboración de los Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad. En este contexto lo traté y encontré que era un hombre serio y tranquilo, deseoso de escuchar puntos de vista ajenos a los suyos, dispuesto a buscar convergencias y que se esfuerza por superarse y promover cambios positivos en su partido. Fue sorprendente la espontaneidad con la que establecimos una relación de mutuo respeto y aprecio.
Su liderazgo como el de los demás dirigentes que he mencionado tiene que definirse más todavía de cara al presente y futuro de Panamá. Necesita enriquecerse vicariamente con la experiencia de quienes han vivido una versión de nuestra historia contemporánea contrapuesta a la suya, para que pueda forjase una visión global de la Patria. Así podrá ayudar a consolidar y perfeccionar la civilidad y la democracia, por la que muchos luchamos y que ahora todos compartimos, y a impulsar el desarrollo humano que ningún grupo por sí sólo ha podido lograr por separado.
Estos dirigentes corresponden a una concepción auténtica de un nuevo liderazgo, que reivindica su dignidad propia y mantiene comunicación, pero no se subordina a sus predecesores. Este liderazgo afianza su legitimidad al infundirle esperanza a la población.
No sé que papel específico jugará cada uno en las elecciones del 2004. Tampoco sé quién apoyará a quién, pues estas decisiones las han de tomar los partidos democráticamente y las personas en conciencia, una vez que las propuestas electorales se hayan precisado. Lo que puedo decir desde ya es que el país se beneficia con un nuevo liderazgo de esta calidad.
¿Por qué José Miguel se ha identificado con la concepción equívoca del nuevo liderazgo ? Se me ocurre que su deslucida gestión como canciller en contraste con la altura de sus aspiraciones es la causa. De los funcionarios internacionales, embajadores, cancilleres y presidentes con los que he conversado, muchos piensan que Panamá no tiene actualmente voceros oficiales válidos en la discusión de los temas más importantes de nuestro tiempo. Saben que la Cancillería ha nombrado diplomáticos frecuentemente por nepotismo, más que por idoneidad. Se dan cuenta que la Cancillería es cuestionada dentro del propio Ejecutivo, como lo demuestran los choques de opinión con otros ministros y su subordinación a funcionarios de seguridad. Comprueban también que la Cancillería es bicéfala, puesto que el viceministro, por su relación más estrecha con la Presidenta, contradice y neutraliza al ministro sin dificultad. Estiman que nuestra política exterior es más bien improvisada y revela serias incoherencias y deficiencias. Creo que esta falta de lucimiento induce a José Miguel a tratar de hacerse notar de cualquiera manera y entonces incurre en la bobería.
Tengo la esperanza, sin embargo, que madure, de manera que esta condición no se vuelva su rasgo distintivo. Si la superara, bien podría formar parte del nuevo y esperanzador liderazgo en el que le han tomando la delantera otros hombres y mujeres, los cuales no menosprecian a su generación y mantienen con los que los hemos precedido vínculos de comunicación e incluso de amistad. (ariyan@sinfo.net).


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América