Nación

De regreso a la vida, después de la catástrofe


 

Fueron 30 eternos segundos en los que la vida de César Barría y de cuatro panameños más, pendían de un hilo. Sólo la mano de Dios pudo salvarlos de quedar entre los escombros del hotel Le Plaza, donde estaban hospedados, mientras que el terremoto en Puerto Príncipe devastaba casi toda la ciudad. 

 

Media hora antes, Barría llegó a su habitación, en la primera planta del hotel, después de almorzar en un pequeño restaurante cercano, con tres de sus compañeros que ayer volvieron a Panamá.

Aunque sólo han pasado tres días desde la catástrofe, su mente está clara. Sentado en la terraza de su hogar, recuerda que se  disponía a accesar a Internet desde su portátil, cuando de repente todo empezó a temblar; el movimiento era tan intenso que lo llevaba de un lado al otro de la habitación, como si fuera una balota de la lotería moviéndose en el ánfora. 

Cuando logró aferrarse a la puerta corrediza de su cuarto, que daba a una piscina, sintió algo de calma. Allí analizaba si correr hacia la piscina, que simulaba la bravura del mar, o quedarse donde estaba. No moverse fue la primera decisión, que al parecer, lo salvó. 

 

"Mi vida no dependía de mí", reflexiona ahora que está lejos de la zona del desastre.

Después de haber vivido los 30 segundos más largos de su vida, decidió salir del Le Plaza. En medio de la cortina de polvo que cubría el cielo de Haití, logró visualizar personas vestidas completamente de polvo que salían de las avenidas, ensangrentadas, heridas y gritando; ese contacto le permitió conocer la magnitud del hecho y el "terror" que imperaba en las calles de Puerto Príncipe. ´

César ya había vivido otros movimientos sísmicos, sin embargo, el de Haití definitivamente marcó su vida. Aún no encuentra palabras para describir lo que vivió aquel martes. Pensar en la suerte que tuvo y lo afortunado que es al estar de regreso en su patria y en su casa, con sus hijos y esposa, es más que una bendición.

 

Y eso lo sabe muy bien el padre Rony, de la iglesia de San Juan Evangelista, quien en medio de nuestra entrevista, le exclamó desde una de las puertas del templo: "Bienvenido a la vida". 

 El camino a la vida

Caída la noche, la situación en Haití permanecía igual. César ya había conversado con su esposa, por lo que estaba más tranquilo. También había recuperado sus pertenencias y se encontró con otro de sus amigos que estaba en un hotel cercano. 

 

Con un ojo cerrado y otro abierto pasó la noche en el garaje del Le Plaza, donde improvisaron un pequeño campamento, junto a otros 60 huéspedes. Mientras intentaba descansar, para luego retomar el viaje hacia Panamá, era interrumpido por los gritos de las personas cada vez que se registraba una réplica. 

Una vez salió el sol, Barría y sus compañeros se dirigieron al aeropuerto de Puerto Príncipe para intentar tomar algún vuelo hacia Panamá. Entre el hotel y la terminal aérea hay 45 minutos de camino, que se extendieron mucho más, por la cantidad de heridos, muertos y escombros que bloqueaban las calles. 

Finalmente, cuando logran llegar al aeropuerto, tras pagar 250 dólares a un abogado que los llevó en su auto semidestruido, les informaron que no se permitiría ningún vuelo. 

"Si ya estamos aquí tenemos que seguir el camino", ripostó Barría a sus compañeros, ante el panorama. Ahora se da cuenta que esa decisión le permitió estar hoy, contando la peor experiencia de su vida.

Travesía a la frontera 

El apoyo y compañerismo fue clave para emprender la travesía hacia la frontera con República Dominicana, por la que pagaron 300 dólares y tardaron más de cuatro horas en camino.

A medida que salían de Puerto Príncipe y entraban al interior de Haití, dejaban atrás el desastre y el dolor. Incluso, en sus caras ya asomaba la tranquilidad y la esperanza de regresar a sus casas.

Unos "cheese whiz" que se exhibían en una tienda les recordaron que no habían probado bocado desde aquella devastadora tarde en que los muros de Haití cayeron. Más tranquilos y con algo en el estómago, retoman camino a la tierra de la bachata, donde ya se preparaban contingentes de ayuda.

Finalmente, a las 8:00 p.m. del miércoles llegan a Santo Domingo, capital dominicana, desde donde abordaron el vuelo hacia Panamá, al día siguiente.

"Lo único que hice fue abrazarlos fuerte"

A las 6:00 p.m. del jueves llegaron a suelo istmeño. El aeropuerto Internacional de Tocumen fue escenario para que Barría y el resto de sus compañeros se reencontraran con los suyos. 

Aunque no recuerda qué fue lo primero que le dijo a sus familiares, lo único que hizo fue darles un fuerte abrazo ante las cámaras de periodistas que cubrían su llegada. 

Ahora reconoce que su experiencia representa la oportunidad de renacer y de cambiar el rumbo de su vida. 

Pese a la alegría que representa el estar en su hogar, César Barría todavía se pregunta si sus amigos, conocidos y clientes que quedaron en Haití, corrieron con la misma suerte. 

 

 

Testimonio de César Barría parte 1

Testimonio de César Barría parte 2


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514508
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América