LOS PANAMEÑOS tenemos pobre tolerancia hacia la frustración y nuestra cultura justifica la violencia porque promueve en el hombre el deseo de fortalecerse ante los demás, según coinciden especialistas sobre el por qué un individuo recurre a la violencia por celos.
Las estadísticas refuerzan esta tesis, indicando que las principales causas de muerte están relacionadas con accidentes, homicidios, suicidios, y otros tipos de violencia, que se pueden controlar con la socialización.
Según Gaspar DaCosta, coordinador de Salud Mental del Ministerio de Salud, todo ser humano puede cometer actos violentos, aunque desde niños debemos aprender a ser tolerantes ante la frustración para evitar incidentes, de los que más adelante podamos arrepentirnos.
Como prevención, DaCosta sugiere relajarse y practicar la técnica de contar hasta 10 y pensar si vale la pena lo que vamos a hacer.
También indica que los adultos que en su infancia fueron víctimas de abuso y maltrato, son proclives a ser victimarios.
A DaCosta se le suma Eugenio Meléndez, director de la Clínica de la Masculinidad, quien asegura que es la cultura la que nos va enseñando cómo usar esa agresividad.
Agrega que son los elementos culturales los que nos inducen a matar, porque no valoramos la vida, y por ello, es necesario desarrollar una campaña en pro de la no justificación de la violencia. También invita a que se establezcan políticas públicas para disminuirla.
Refiriéndose al subteniente que mató al novio de su ex compañera, explicó que en el caso de los policías, por la naturaleza de su trabajo, muchas veces no logran sacarse el uniforme cuando están en casa. Explica que si no son equilibrados, podrían incurrir en violencia, por lo que el hecho de que fuera militar pudo influir en su reacción.
En Panamá se ha desvalorizado la vida de las mujeres y el informe de la Red Nacional contra la Violencia revela que en el 2002 y 2003, el 50% de los homicidios contra mujeres fueron provocados por celos, 23% por presunción de infidelidad y un 13% por presunción de adulterio.
Heraclio Bustamante: "Actuaría normal porque de qué me vale agredir a una persona o matarla para luego ir preso. Mi pareja quedaría libre, así que yo tomaría las cosas con calma".
Arnulfo Loaisa: "Estaría tranquilo; buscaría a otra mujer, debido a que si cometo algún acto de violencia, lo que haría sería traer problemas para el resto de mi familia".
Juan Arosemena: "Cuando no se quiere compartir con alguien es por varios motivos, hay que respetar la posición del otro, apartarse, sin llegar a crímenes, ni lesiones".
Daniel Alfonso: "La infidelidad no se combate con violencia, si uno no quiere al otro, hay que separarse para que no hayan problemas. Agredir es peor para los involucrados".
Dé rienda al desahogo, pero no a la violencia
Expertos coinciden en que los panameños tienen poca tolerancia en cuanto a los sentimientos de frustración.