Contrario a varias décadas atrás, hoy en la Asamblea Nacional pareciera que los diputados le dan más sentido al rencor que "al análisis", mostrando mucha improvisación y pasión durante las intervenciones que se hacen en el pleno.
Al menos, así lo considera el poeta e historiador Alvaro Menéndez Franco, quien advierte que entre la Asamblea actual y las de principio de la República, hay una gran diferencia en el nivel de oratoria.
"Antes hablaban como si en el futuro los iban a leer, ahora como que no les importa que los lean o no", señaló, al tiempo que explicó que antes los diputados hasta se vestían con mucha elegancia, casi tipo europeo y utilizaban una retórica en todos los sentidos.
Aclaró que antes los insultos no eran tan directos como ahora, usándose más bien metáforas, alusiones y chistes muy refinados.
Un ejemplo de ello es cuando en 1912, un diputado racista le dijo a otro: "¡qué negra se ha puesto la tarde!", pero el aludido contestó: "es verdad, pero nuestras almas y cerebros están llenos de luz". Elegantemente se insultaron ambos y todo quedó en actas. Entre los grandes oradores de la Asamblea recuerda a Carlos Iván Zúñiga, Demetrio Porras e Isaac Fábrega, entre otros.