El Panamá América
Todos los panameños esperan que después de haber definido las nóminas para las próximas elecciones comience el debate sobre los planes de gobierno de cada alianza. Hasta ahora el apoyo recibido por los candidatos está fundamentado en la simpatía personal que despiertan en los electores, pero no puede decirse que la confianza depositada en ellos se deba a propuestas sobre cómo enfrentar los graves problemas sociales y económicos en Panamá. Por esta razón las encuestas revelan una alta proporción de indecisos, quienes aguardan con ansiedad el anuncio de ofertas diferentes para resolver el desempleo, la pobreza y en general sobre como encarar el desarrollo social.
Ojalá esta vez los candidatos sean más concretos a la hora de proponer medidas y se alejen de la acostumbrada demagogia que ha caracterizado los discursos electoreros. Los pueblos han madurado en materia política a un ritmo mayor que sus líderes y ya comienzan a rechazar la típica retórica política sustentada en promesas huecas y cada vez exigen con mayor fuerza la adopción de posiciones claras y definidas sobre fórmulas reales y efectivas más que simples declaraciones de intención.
Uno de los elementos que podría despertar interés entre los electores sería presentar a la opinión pública un listado de índices de desarrollo social, acompañado con un compromiso de mejoría en su período de gobierno. No es lo mismo decir que hay que eliminar el analfabetismo que en Panamá afecta aproximadamente al diez por ciento de la población que comprometerse a reducirlo al cinco por ciento en los próximos cinco años acompañando esta oferta con una explicación confiable de la forma para lograrlo.
Lo mismo puede decirse del nivel de desempleo o del porcentaje de panameños que no tienen acceso a una vivienda digna o a una educación moderna. El político actual no puede limitarse a líricas declaraciones sobre su solidaridad con los pobres, sin proponer nada efectivo que permita resolver el problema. Lo que espera la ciudadanía es un proyecto económico y social viable que le dé cierto margen de seguridad con relación a cantidad y calidad de puestos de trabajo que se crearían como resultado del mismo para atacar el desempleo; o un proyecto de gobierno concreto que amplíe de manera concreta los mecanismos de participación comunal en su gestión.
Si los panameños contamos al final de la campaña electoral con un listado de compromisos serios de mejoramiento social y económico cuantificados en índices medibles no solamente tendríamos una razón para apoyar a un candidato, sino que contaríamos con un instrumento para comprobar si efectivamente está cumpliendo con su compromiso una vez que llegue a dirigir los destinos de la Nación. Limitándose a decir que tienen buena intención no es suficiente porque ya los panameños han visto en anteriores ocasiones cómo esas simples expresiones de preocupación social se desvanecen tan pronto los candidatos se convierten en gobernantes.