Washington.- Después de casi siete años desde que perdieron el poder en el Congreso, el Partido Demócrata ha vuelto a tomar las riendas del Senado, una institución clave en la configuración política de Estados Unidos.
El traspaso del poder, que ocurre por primera vez sin ser producto de una elección, se debe al alejamiento de los republicanos de un senador moderado de Vermont, lo que representa un formidable reto para la política conservadora del presidente George W. Bush.
El cambio en la Cámara Alta, donde había un empate de 50-50 entre demócratas y republicanos, se produce cuando las encuestas muestran una caída en la popularidad de Bush.
El Partido Republicano perdió el dominio del Senado cuando el senador James Jeffords decidió, dos semanas atrás, que dejaría el oficialismo para actuar como independiente.
El senador demócrata Tom Daschle, quien ayer reemplazó a Trentt Lott como líder de la mayoría, exaltó la conducta de Jeffords al que elogió como "un hombre de principios impecables a quien damos la bienvenida para sumarse a nuestra comunidad (caucus)."
Pero Lott, uno de los políticos más conservadores dentro del bloque republicano, acusó al senador de Vermont de haber concretado "un golpe de uno" y envió una circular a sus colegas cuestionando la legitimidad de la mayoría demócrata.
Uno de los puntos álgidos para los conservadores es haber perdido la presidencia de las comisiones que tienen una influencia decisiva en determinar el orden en que el plenario considera la legislación pendiente.
Por ejemplo, el reemplazo del ícono conservador que es el senador Jesse Helms por el demócrata Joseph Biden, un liberal de Delaware, puede entorpecer algunos de los nombramientos críticos para la política hemisférica de Bush como son el de Otto Reich para secretario adjunto de Estado para Latinoamérica y el de Ralph Noriega para el cargo de embajador ante la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Pero Jeffords, quien cambió de manera dramática el escenario político de Washington, dijo ayer que de nada se arrepiente, y que está cada vez más seguro de haber tomado la decisión correcta.
SE TERMINO LA "LUNA DE MIEL"
En tanto, la imagen de Bush sufrió, por primera vez desde que llegó a la Casa Blanca cinco meses atrás, una caída pronunciada. El índice de aprobación de su gestión sigue alto (55 por ciento) pero perdió 8 puntos en un mes, según una encuesta conjunta del Washington Post con la cadena ABC. El periódico interpretó el resultado como una señal de que terminó la "luna de miel" del presidente.
Mientras que un 68 por ciento del público estadounidense, según la encuesta, desea que el presidente se esfuerce por generar un mayor consenso con la oposición, en lugar de empujar su agenda que muchos consideran demasiado conservadora, especialmente a la luz de que su partido no obtuvo la mayoría de los votos populares.
Preocupado por las derivaciones del pase de Jeffords, y ante las versiones de que el senador John McCain podría seguir el mismo camino o retar al presidente como líder del partido en 2004, Bush está dando algunas señales que parecen indicar un regreso a la posición más moderada que observó durante la campaña electoral.