Nación

Dentro del bus

Hay situaciones que en la ciudad parecen haberse congelado en el tiempo para no cambiar.


SON LAS 11:30 a.m. Es un día normal en la ciudad de Panamá. Los buses como siempre realizan su recorrido de extremo a extremo de la capital.
El semáforo en Avenida B señala luz roja, los buses se detienen, mientras que los peatones como una estampida de elefantes intentan cruzar la calle.
¡Tumba Muerto, Santa Librada! Grita un ágil chico que se balancea en la puerta de este vehículo. ¡Suban que está vacío! continúa gritando el joven.
Los constantes llamados nos hacen abordarlo.
En realidad está casi vacio, pero se va llenando a medida que avanza y se detiene en cada parada.
Una simpática joven sube, se sienta sin percibir que dentro del transporte se encuentra una amiga, que por cierto lleva un gran paquete producto de sus compras en uno de los tantos almacenes de la Avenida Central, pero al instante reacciona y entabla una extensa conversación, sin darse cuenta que el asiento está roto y le ha manchado el pantalón.
Más adelante una señora pide la parada y trata de sostenerse de las oxidadas barandas del bus, ya que con la otra apoya el paquete contra su cuerpo.
Ella intenta bajar, mientras suben dos personas.
Ahora le toca el turno a una pareja de ancianos que a duras penas y esfuerzos logra subir.
Caminan por el pasillo mientras el vehículo está en marcha, hasta que logran sentarse en uno de los 55 puestos que quedan libres.
Al rato se escucha "baja esa música", pero el joven chofer no parece importarle los comentarios de este señor que apoya su bastón para no perderlo.
El ballenato continúa a su máximo nivel sin que el chofer logre escuchar a los desesperados usuarios que gritan ¡Parada!.
De repente un señor que va sentado en primera fila, algo histérico comienza a discutir con el conductor.
Exclama: "No sólo en Chile hay dictadores, también en Panamá". Algunos deciden no prestarle atención, otros reían; mientras que otros duermen.
El malhumorado anciano continúa diciéndole al chofer "no tienes licencia profesional, eres un pela´o que me tiene que limpiar los zapatos, eres una bruja".
Los demás se molestan cuando este cascarrabias se levanta y golpea al conductor que aún sigue sonriendo, quizás acostumbrado a estos casos particulares.
La discusión termina cuando en la parada del Parque de vía Porras en Avenida Perú, un bus de otra ruta le da un pequeño golpe al abordado por Panamá América.
Tanto el conductor como su ayudante se bajan, pero la lesión no pasa a mayores; continúa su recorrido para recoger a una mujer embarazada que entre tambaleos se logra sentar.
Aunque los acontecimientos sorprenden a la mayoría de sus ocupantes, los que van en los puestos de atrás protagonizan una historia de Romeo y Julieta y ni siquiera prestan atención a lo que ha pasado en el corto, pero problemático recorrido.
Al llegar a la parada de la Cresta frente a la iglesia Hossana, una alegre señora sube y exclama "Sonríe que Cristo te ama", mientras otra le pega a su hijo por no querer darle chocolate a su hermanita.
El paseo termina cuando nos aproximamos a la Universidad de Panamá donde este bus lucha con los demás competidores de las carreras, similares a las de Río Hato, con la única diferencia que dentro de éstos se transportan varias personas que no tienen nada que ver con carreras de aceleración. Ambos continuamos nuestros rumbos.
  • Los usuarios esperan que después de más de 25 años el sistema de transporte colectivo cambie y se mejore el servicio.


fecha edicion
old id
177148
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América