Cerca de 16 familias se han instalado en varios apartamentos cancelados del edificio H-2 de Los Libertadores, en la vía Ricardo J. Alfaro, y han sembrado el pánico entre sus ocupantes, quienes denunciarón la venta de droga y la prostitución infantil con su llegada.
Gladys Morales, propietaria de uno de los cuartos cancelados, aseguró al Panamá América que los nuevos ocupantes le habían dicho que el Banco Hipotecario les había cedidos los apartamentos sin papeles y sin medidas.
La santidad del Padre Hurtado se vislumbró desde muy temprano. Así por ejemplo, el Padre Janssens, quien era Director del Teologado y sería mas tarde Prepósito General de los Jesuitas, escribió en 1933 al Provincial de Chile: "Permítame desde ahora, testificarle cuán grande edificación nos ha dado el Padre Hurtado por su piedad, regularidad, entusiasmo y constancia de los estudios, caridad, discreción, buen trato con todos; ciertamente ha ido delante de sus compañeros por su ejemplo... Juzgo que el Señor ha destinado a su provincia a un hombre verdaderamente eximi...".
Las actividades que emprendió el Padre Hurtado, todas nacieron de una fe profunda en Cristo con una entrega total a Cristo. Su trabajo con los jóvenes en Chile fue de un impacto extraordinario, en ocasiones reuniendo de 5,000 a 10,000 jóvenes, en torno al compromiso del joven cristiano con su fe.
Por otra parte, su actividad en la formación de líderes sindicales, que favorecía la vinculación entre sí de aquellos que compartieran maneras de ver y de actuar inspiradas en los valores cristianos, demostró lo acertado de su visión; su fundación del Hogar de Cristo incluyó episodios donde es difícil no percibir la intervención de la providencia. Su fundación de Mensaje como revista que presentaría puntos de vistas cristianos sobre las realidades de la nación chilena, demostró lo abarcador que era su visión y su acción sacerdotal.
Todo este conjunto de iniciativas y realizaciones estaba enraizado en dos convicciones básicas: primero en la convicción que todo hombre pero particularmente todo ser humano pobre y que viviera en condiciones que riñeran con su dignidad humana era para él no sólo un representante de Cristo sino otro Cristo "Ser testigo de Cristo significa, para el padre Hurtado cumplir con todas mis obligaciones de justicia con el prójimo, de justicia en primer lugar y luego superarla con una espléndida caridad que vaya a llenar lo que la justicia no ha podido colmar. Justicia que el cristiano debe amarla casi diría con rabia. Jesús dijo, con hambre y sed, que son las pasiones más devoradoras. Ser testigo de Cristo significa tratar con inmenso respeto a cada hombre en quien veo mi igual, mi hermano, otro Cristo". "Yo sostengo", añadía, "que cada pobre, cada vago, cada mendigo es Cristo en persona que carga su cruz. Y como a Cristo debemos de amarlo y ampararlo. Debemos tratarlo como a hermano, como a ser humano, como somos nosotros".
La segunda convicción básica la expresaba el Padre Hurtado cuando decía mi vida es una "misa prolongada" y explicaba que "como en la cruz estábamos incorporados en Cristo de igual manera en el sacrificio eucarístico, todos somos inmolados en Cristo y con Cristo... mi misa es mi vida, y mi vida es una misa prolongada". En otras palabras no sólo la visión que el Padre Hurtado tenía de su fe religiosa era cristológica sino que la visión que tenía de su propia vida y de toda convivencia con los otros seres humanos era también cristológica.
Cuando le preguntaban al Padre Hurtado como tomaba las oposiciones que surgieron en su contra de diversas índoles y diversos motivos, como cuando le preguntaban en los últimos días de su vida, cuando el cáncer lo carcomía, ¿cómo se sentía?, Él respondía con una frase que ha quedado para todos los tiempos identificada con él y con su visión cristológica de toda la realidad. Esa frase era "Contento, señor, contento...".
Juan Pablo II, cuando habló del Padre Alberto Hurtado, destacó su profunda vida interior que dejaba en quienes le trataron la imagen imborrable de hombre de Dios siempre dispuesto a la ayuda generosa. Su figura de religioso ejemplar en el cumplimiento heroico de sus votos sobre especial realce precisamente en estos días en que se está celebrando el Sínodo de los Obispos dedicados a la vida consagrada.
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