El programa de ayuda alimentaria que adelanta el gobierno en las comunidades indígenas de Chiriquí y Bocas del Toro es sólo un paliativo temporal.
Así opina Ebinia Santos, dirigente de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, quien dijo que ahora la gente se acostumbra a los B/.35 y no trabajan. Ella apoya las granjas sostenibles.
Destacó además que por lo general, el proceso de transformación puede durar más de 10 años antes de obtener un producto, "porque se les exigen pruebas de inocuidad, por lo tanto, deben lograr que no haga daño".
Aguilar explicó que la función de esta tecnología es que si usted tiene un cultivo con mercado, aceptación, gusto, forma, olor, pero le falta, por ejemplo, resistencia ante una plaga y producir más de una vitamina, al no ocurrir eso en el cultivo original, se toma hasta unos cuatro genes que le dan nuevas propiedades útiles, que se llaman "transgen".
"Al final, se logra un tomate con un color rojo intenso, con más vitaminas, minerales, aminoácidos y larga vida de anaquel, en comparación con uno original", aseguró, resaltando que como el producto está mejor nutrido y resistente, requiere de menor uso de plaguicidas.
Aún cuando Reynaldo Lee, director del Departamento de Protección de Alimentos (DEPA) del Ministerio de Salud (MINSA), coincide con Aguilar en cuanto a las bondades de los transgénicos, reiteró que la posición de Panamá en las reuniones de CODEX es que el producto debe indicar en la etiqueta que fue biológicamente modificado.
Esto es para que la persona sepa que el producto que está adquiriendo es de este tipo, y que tenga la libertad de decidir si lo compra o no.
Ante lo temores, el funcionario destacó que "con una modificación biológica lo que se busca es mejorar las características propias del alimento", poniendo como ejemplo la naranja injertada, a la cual se eliminan las semillas, y no hacen daño.
"Se trata de cambiar la cadena de ADN más esencial del alimento y quitar los aspectos que pudieran generar algún tipo de enfermedad, entre otras cosas.. Esto no tiene nada que ver con productos químicos, que es uno de los temores que se presumen", aseguró.
En cuanto al etiquetado, dijo que algunos países señalan que eso no tiene mayor importancia, pero Panamá si lo va a hacer responsablemente para que la persona tenga la opción de escoger.
Al respecto, comentó que el próximo 24 de mayo se instalará la nueva Autoridad Sanitaria de Importación de Alimentos y ese será uno de los requisitos.
El importador tendrá que declarar si el producto que trae es transgénico, incluso también se responsabilizará por él a las autoridades competentes de los países importadores.
En ese sentido, una de las pautas que se están poniendo es que el importador traiga además de su declaración jurada y sus requisitos, un documento de la autoridad competente del país exportador que diga si el producto es o no biológicamente modificado.
"No es malo que sea biológicamente modificado, pero estamos dando la opción de quien lo quiera comprar o no", reiteró el director del Departamento de Protección de Alimentos.
Por ignorancia Panamá se está quedando atrás en cuanto a biotecnología, mientras que el resto de Centroamérica se comporta totalmente distinto.
A eso hay que agregar que sólo manejamos tecnología de primera generación, cuando hay países que van por la tercera, y hasta la cuarta.
Un ejemplo de ello es que en Costa Rica, que no tiene nuestra biodiversidad, actualmente se desarrollan productos transgénicos o biológicamente modificados. En Honduras lo hacen con el maíz y el banano y en Guatemala los cultivan, pero no los consumen. Por su parte, El Salvador decidió que no se quedará de último.
Cabe señalar que por alimento transgénico o modificado genéticamente se entiende aquel organismo en el cual, mediante ingeniería genética, se ha introducido un gen de otro organismo o se le ha suprimido o modificado un gen propio. Esta modificación genética permite que el organismo, en este caso vegetal, produzca una nueva proteína o deje de producir una proteína del organismo original.