Nación

¿Desaparecerán los autores nacionales?


"Soy profesora de Español y he firmado un contrato con una editorial extranjera, para que redacte un libro de texto para educación primaria. Me ofrecen sólo el 10% de las ganancias del libro, de acuerdo con lo vendido en el año. Una de las cláusulas del contrato es que por 5 años, la editorial obtiene todos los beneficios de la obra. En la obra mi nombre aparece como "Especialista responsable del área de Español" y no como autora de la publicación. Ellos dicen que imprimirán 3,000 ejemplares. No tenemos ningún respaldo de las autoridades educativas para que se nos haga justicia a los autores nacionales".

Las anteriores declaraciones corresponden a una de las autoras nacionales de libros de texto, hoy por hoy inmersos en una polémica que intenta regular uno de los recursos didácticos por excelencia en el sistema educativo panameño: los libros educativos.
Todos los años la polémica se repite: los reclamos hacia los libros empleados en el sector educativo son múltiples. Hay reclamos de los padres de familia, quienes los consideran muy caros, con mínima posibilidad de ser usados por varios años por otros miembros de la familia; hay reclamos por los educadores y especialistas, quienes los consideran escritos con vocabulario y enfoques extranjerizantes; también hay críticas por parte de las agrupaciones de autores nacionales, quienes aducen que logran venderse en condiciones que riñen con la ética, también plantean que son escritos por profesionales con escasa experiencia profesional y adicionalmente los beneficios económicos que reciben los autores son irrisorios.
Los gremios profesionales de la educación, por su parte, manifiestan su respaldo a la propuesta del Círculo de Autores Panameños de Obras Didácticas (CAPOD), que trabaja en la aprobación de una nueva ley que regule el uso de los textos escolares, y que, recientemente, fue aprobada en primer debate.

El problema de los textos escolares es significativo: se trata de un negocio millonario, por los miles de estudiantes de los diferentes niveles del sector educativo; a cada estudiante se le solicitan como promedio 5 a 7 libros de texto, además de otros libros complementarios tales como diccionarios, atlas, novelas, cuentos, antologías, leyes. Un cálculo conservador para un estudiante de la escuela primaria indica que un padre de familia debe gastar cada año por cada hijo, un promedio de B/. 50.00 a B/. 75.00 si se trata de escuelas públicas; si se trata de escuelas particulares la cifra oscila entre los B/. 150.00 a B/. 550.00 por estudiante tanto para el nivel de primaria, como de secundaria.

 
Este año, los debates no se hicieron esperar y ha surgido de nuevo la polémica entre quienes aseguran que el autor nacional requiere respaldo para su producción y otro sector que aduce que por efectos de la globalización, los libros educativos deben mostrar la amplitud del mundo y pueden ser escritos por autores nacionales o extranjeros.
El Ministerio de Educación, por su parte, aduce no tener providencia legal para retirar de los planteles educativos los libros que no hayan sido aprobados y la Ley 47 Orgánica de Educación establece funciones de control y supervisión al Ministerio de Educación.
Los cargos más severos han sido dirigidos a la Editorial Santillana, a la que se le culpa de editar libros complementarios con alto contenido extranjero, tanto en su vocabulario como en sus imágenes. Además, se cuestionan sus agresivas prácticas de venta.
La Editorial Santillana, por su parte, se defiende en un comunicado al señalar que "no podemos limitar a los niños y jóvenes el acceso a los libros por el hecho de tener autores extranjeros cuando se enfrentan al cable y al internet, donde acceden a tanta información del mundo entero".

Según Nota del 8 de enero del 2002 dirigida a la Editorial Santillana y leída y publicada por el periodista Juan Carlos Tapia (El Universal 19 de mayo de 2002), "los Textos para Leer de 2°, 3°, 4°, 5° y 6° grado luego de la evaluación del Jurado Evaluador, la Dirección de Currículo del Ministerio de Educación ha decidido posponer la aprobación de las obras citadas, hasta tanto se hagan las correcciones señaladas".
Sin embargo, las obras -No aprobadas- tanto de la Editorial Santillana como de otras casas editoriales se venden en las librerías de la localidad y lo que es más grave, se usan en los centros educativos, lo que en la práctica significa una gran confusión en el sector educativo.

La responsabilidad de la evaluación de los libros de texto y materiales de lectura complementaria son competencia directa del Ministerio de Educación a través de la Dirección de Currículo y Tecnología Educativa. Al respecto su director, el profesor Oscar Barahona, en entrevista reciente explica que no existe ninguna ley para prohibir que los libros que no sean aprobados se retiren de la venta. No tenemos ninguna competencia legal que nos autorice más allá de la evaluación de las obras, destaca Barahona.
Nosotros como Ministerio de Educación publicamos la lista de los libros aprobados, pero el problema es del mercadeo ya que la decisión de comprar los libros de texto le corresponde a los profesores y directores de cada plantel.

 
De acuerdo con un grupo de autores nacionales consultados sobre la responsabilidad del Ministerio de Educación en cuanto a no permitir el uso de los libros que no han sido aprobados, citaron como respuesta el artículo 292 de la Ley 47 Orgánica de Educación que textualmente indica:
"Los libros de texto que sean seleccionados como oficiales responderán a las finalidades de la educación panameña, a los contenidos de los programas de estudio y a la realidad nacional. Esta medida se aplicará a las escuelas particulares".
El artículo 293 de la misma Ley 47 indica que el Ministerio de Educación establecerá controles que garanticen la continuidad de aquellos libros de texto cuyos buenos resultados así lo determinen, con el fin de evitar la diversidad de textos para un mismo grado o año y su frecuente cambio.
¿Qué espera el Ministerio de Educación para actuar y evitar que circulen tantos libros ajenos a la educación nacional?, se preguntan los autores nacionales y los dueños de librerías. "Si no logramos respaldo, van a desaparecer hasta las librerías", indican con muestras de evidente preocupación los dueños de librerías.

Datos provenientes de la Contraloría General de la República indican que las importaciones de libros y materiales educativos son millonarias y Panamá se coloca así en uno de los países con más alto nivel de importación de libros en la región. Por ejemplo, en la categoría correspondiente a libro, folletos e impresos, la importación (peso en kilos), asciende a 381,127 de materiales provenientes de 124,145 de Estados Unidos; 98,579 de España y 54,414 de Colombia.
Otra categoría de importancia indica que en materia de diccionarios y enciclopedias, la importación (peso en kilos ), asciende a 89,800; las importaciones provienen de Colombia con 31,422 materiales; Estados Unidos con 21,197 y España con 13,234 materiales.

Datos provenientes de la Agencia Panameña del ISBN, entidad encargada del registro de la producción nacional, revelan que para 1997 se registraron 77 libros; 237 libros para 1998; 304 libros en 1999; para el año 2000: 357 y 431 libros registrados en el año 2001.
La sección de evaluación de libros de texto del Ministerio de Educación, por su parte, reportó que para el año 2001 se sometieron a evaluación 195 libros tanto de autores nacionales como extranjeros, de los cuales se rechazaron 84 obras.
Cabe destacar que existe una gran cantidad de libros nacionales que no se registran en la Biblioteca Nacional y tampoco son sometidos a evaluación, por lo que las cifras son un subregistro que brinda una idea aproximada a la situación.

 
  • Las editoriales ofrecen a los directores de los planteles educativos, comprarles equipo, pintar aulas y dependencias administrativas a cambio de recomendar a un determinado autor de su casa editorial.

  • Se promueven cenas bailables en restaurantes de la localidad. Se invitan a los docentes a quienes se les obsequia el libro. La editorial asume todos los costos de la actividad.

  • Los libros se venden de forma directa a precios más bajos que en las librerías, por promotores de venta de las casas editoriales. A los planteles educativos llegan carros de las casas editoriales. ¿Se trata de una política para perjudicar a las librerías y recuperar más rápido su inversión?

  • Se realizan "campañas para la promoción de la lectura y círculos de lectura y concursos relacionados con la educación" con la finalidad encubierta de vender sus libros a los participantes. Las reuniones son en horario de clases y tienen el aval de las autoridades educativas.

  • Algunas casas editoriales obsequian anualmente colecciones completas de sus publicaciones al Ministerio de Educación, como una forma de ingresar sus libros a las bibliotecas escolares y ganar notoriedad ante las autoridades y en la opinión pública.

  • En períodos de vacaciones y en jornadas de capacitación de los docentes, ante la mirada complaciente de los supervisores, los promotores de las casas editoriales asisten a dichas actividades-exclusivas para docentes- y regalan libros y materiales educativos de su casa editorial.

  • Los libros se alquilan anualmente a los estudiantes en paquetes que sólo se venden en los propios planteles. Un libro alquilado por varios años, permite obtener mayores beneficios que un libro que se compra una sola vez. Los libros se guardan en espacios personales -alquilados- en las escuelas, como forma de protegerlos. Se les limita así repasar las lecciones en casa.

  • Los libros son vendidos exclusivamente en los colegios privados, con lo que el margen de ganancia de cada plantel educativo es mayor. Cada editorial negocia con la dirección del plantel y los libros se venden exclusivamente en los centros educativos.

  • Los costos de los libros de las editoriales extranjeras son mayores que los de la mayoría de los autores nacionales pese a que se imprimen en el extranjero en grandes cantidades. El libro se vende masivamente desde México a Chile. Son tirajes millonarios. No hay proporción entre las ganancias para cada empresa editorial y el 10% ofrecido a los autores por su trabajo intelectual.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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