Nación

Desastres anunciados

Urge crear un plan estratégico para evitar que más personas vivan en medio del peligro.


El fuego se ha convertido en el peor enemigo de las más de 525 casas condenas y en mal estado que hay entre Panamá y Colón.
La tragedia que vivieron los residentes de Curundú es sólo una muestra de lo que puede repetirse, cual círculo vicioso, en viviendas ubicadas en corregimientos como Santa Ana, San Felipe, Río Abajo, Parque Lefevre, El Chorrillo, Calidonia, San Francisco, Pueblo Nuevo, Juan Díaz, Bethania y Bella Vista; sitios donde abundan las residencias en mal estado.
El viernes, cientos de personas de escasos recursos del corregimiento de Curundú quedaron perturbados por la tragedia. Trescientos en total.
El incendio acabó con las pocas pertenencias que a través de los años han levantado con el esfuerzo y el empeño, ya que la mayoría viene de familias humildes y claman por una mejor vida, pero el fuego pudo más y barrió con las endebles casas de madera podrida y de cartón, que parecían sucumbir ante el tiempo y la desidia.
Como lamentable calificaron las unidades del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), el Cuerpo de Bomberos de Panamá y el Ministerio de Vivienda (MIVI), el incidente registrado en las barracas de Curundú.
Pero resaltaron que la falta de conciencia ciudadana es una de las mayores desventajas para los organismos de seguridad, a quienes la mayoría de las veces se les hace casi imposible prevenir desastres por la irresponsabilidad de los ciudadanos.
Roberto Velásquez, director del SINAPROC, señaló que la mayoría de estas personas viven en estas casas condenadas y con conexiones eléctricas improvisadas, situación que aumenta el riesgo de incendios.
Supuestamente el siniestro se debió a la imprudencia de un inquilino que vivía en la planta baja de la barraca No. 11 A, conocida como "Nuevo Tívoli", donde se inició el desastre.
Velásquez dijo que si no se crea un plan estratégico en conjunto con los representantes de corregimientos para solucionar este dilema, el problema continuará afectando a cientos de personas que viven en medio del peligro.
Pero a pesar de la inocencia, los niños, son los que realmente sufren en carne propia los devastadores desastres que truncan sus ilusiones, las cuales quedan marcadas por el resto de sus vidas.
Vulnerables ante cualquier eventualidad, indefensos y temerosos por lo sucedido, se muestran los pequeños, pues sus rostros reflejan consternación.
Al igual que sus familiares, ellos también han perdido sus más preciados juguetes. Posterior al incendio, rebuscando entre los escombros sus pertenencias, muchas veces irreconocibles por la magnitud del desastre.
En medio de cenizas caminan sobre los peligrosos materiales que yacen calcinados. Encontrar un recuerdo que demuestre lo perdido, es la mejor satisfacción de aliento, pues una luz de esperanza les da ánimo para seguir adelante y reconstruir el pasado.
Pero, en toda catástrofe también hay quienes se valen de las calamidades de los demás, y comienzan a hurtar lo que no les pertenece.
Otros, como los indigentes, aprovechan el entorno incierto para recoger el hierro que permanece derribado, ya que es una fuente de dinero en el mercado nacional.
Fueron dos barracas las que consumió el incendio en su totalidad en el sector de Santa Cruz, corregimiento de Curundú.
Personal del MIVI, el despacho de la Primera Dama, Municipio de Panamá, Ministerio de Salud (MINSA), Cuerpo de Bomberos de Panamá, Policía Nacional, Junta Comunal de Curundú y SINAPROC brindan respuesta a los damnificados y afectados. Colchones, frazadas y bolsas de alimentos es lo que necesitan los damnificados.

 

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208381
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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