Expresó que si se analizan los indicadores del primer trimestre del año pasado, comparado con el primer trimestre de este año, publicados por la Contraloría de la República, se detecta que hay una reducción muy significativa en los niveles de empleo que tarde o temprano van a afectar a la CSS.
Señaló que si se compara el primer trimestre del 2003, con el primer trimestre del 2002, el empleo en la industria manufacturera cayó en un 2.5%. Explicó que en el comercio al por mayor, donde está involucrada parte de la actividad comercial externa del país y en la que se suponía que nos iba a ir bien con la globalización, también ha decaído sorprendentemente.
Detalló que en el comercio al por mayor hay una caída del empleo del 7.3%, es decir, que de cada 100 personas que estaban empleadas, aproximadamente 7 perdieron su trabajo.
Indicó que en el comercio al por menor, el empleo cayó en 8.1%, es decir, que 8 de cada 100 personas que trabajan en este sector quedaron cesantes. Destacó además que aunque el Gobierno dijo que el problema del empleo se iba a mejorar con el sector turismo, por el contrario en los hoteles y restaurantes, el personal empleado cayó en 6.4% y en el sector de los servicios la caída ha sido astronómica, porque los indicadores señalan que hay una merma de 16.2%.
Sostuvo que si se compara la recaudación de la CSS del año pasado con la de este año, al mes de junio, las cifras parecieran andar bien porque se ha recaudado 24.5 millones de balboas más que el año pasado, sin embargo, en las cuotas regulares la CSS ha recaudado 8.9 millones de balboas menos que el año pasado.
Señaló que la realidad es que la CSS ha recuperado en morosidad 35 millones de balboas más, que en ese mismo periodo del año anterior. "Si la CSS hoy día puede decir que ha recaudado 24.5 millones más que el año pasado, no se debe a un crecimiento económico, ni a un crecimiento del empleo, sino a un fenómeno como lo es el de recuperación de la morosidad", enfatizó.
Manifestó que el problema del desempleo comienza a preocupar gravemente a la institución, ya que si la gente no está empleada, ni siquiera podrá participar en el sistema y por ende la institución no podrá recaudar el dinero en cuotas.
El funcionario recordó que hace dos años el 61% de la población económicamente activa cotizaba para la seguridad social, pero eso ha caído aproximadamente un 10% de la población económicamente activa. "Eso demuestra que la base del empleo en el país se viene estrechando y si la situación sigue así, entonces sí vamos a tener problemas", advirtió.
Tanto es así, que el Banco Mundial ha alertado sobre la gravedad del impacto de esta enfermedad en un informe sobre "Costos económicos a largo plazo del SIDA" se advierte que el virus VIH y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida "causan un daño a las economías nacionales mucho mayor a largo plazo que lo antes calculado".
Según el BM, en América, Haití presenta la tasa más alta de contagio entre los mayores de 15 años, con el 6.1%, seguido por Bahamas con 3.5%; Guyana con 2.7%; República Dominicana y Trinidad Tobago, con 2.5%; Honduras con 1.6%; Panamá con 1.5%; Barbados, Jamaica y Perú con 1.2%; y Guatemala con 1%.
"En los países que sufren una epidemia de VIH/SIDA en la misma escala que Sudáfrica, si no se hace algo rápidamente podría ocurrir un colapso económico en varias generaciones", añadió Devarjan, economista principal de la Red de Desarrollo Humano del BM. Entonces, Panamá deberá fortalecer su política contra el SIDA de no hacerlo este virus destruirá el capital humano del país, sus destrezas laborales, su experiencia y conocimiento para impulsar el desarrollo económico del país.
Según la OIT la epidemia afecta el mundo del trabajo en diversos aspectos:
Discriminación frecuente en el derecho al trabajo.
La enfermedad reduce la oferta laboral y el número de trabajadores.
La habilidad y experiencia disminuye.
La productividad decae en las empresas y los costos laborales se elevan.
Las inversiones son impactadas, los impuestos se cortan y con ello, los países enfrentan más presión en los servicios públicos.
La doble carga se torna más pesada a medida que los afectados por el virus tienen que ganarse la vida y proveer el cuidado a su familia.