Ernesto(*) es conductor desde hace 20 años y a su avanzada edad, ve lejana la posibilidad de disfrutar de una jubilación. Confía en la "buena voluntad" del dueño del vehículo que maneja, quien, en vez de una jubilación, le ha prometido un cupo de operación, que le permitirá algún día "ser su propio jefe".
Gana entre 20 y 30 balboas, luego de recorrer su ruta habitual casi siete veces al día y de pagar el alquiler al dueño del transporte, que admite que es muy alto, para las mínimas funciones que desempeña.
Al igual que Ernesto, otros conductores manifiestan desacuerdo con los propietarios de los autobuses para los que trabajan, quienes no les pagan lo "apropiado".
Luego de un sondeo realizado a trabajadores del volante de cuatro piqueras del área metropolitana, éstos no ocultan su deseo de disfrutar de prestaciones laborales como obreros comunes; sin embargo, no se atreven a exigirlo a sus jefes por temor a ser despedidos.
Aurelio* tiene 29 años y es conductor en otra piquera, pero comparte la misma opinión que Ernesto.
Es operario de buses hace más de 5 años y afirma que el dinero que recibe no le alcanza para mantener a su familia, por lo que se desempeña ocasionalmente como asistente de un vendedor de productos alimenticios.
Asegura que le gustaría tener un salario fijo, aunque fuese mínimo; además de un seguro para que sus dos hijos reciban atención médica y para "tener alguito cuando sea viejo".
La edad de los conductores determina una diferencia, pues los más jóvenes no manifiestan el mismo interés por los beneficios futuros. Para ellos es más importante el dinero que llevan cada día a sus hogares, por lo que acusan a los usuarios de no comprenderlos cuando su manejo es desordenado.
Tal es la importancia de la ganancia inmediata que el año pasado más de 3,000 conductores fueros hallados culpables de accidentes de tránsito, según cifras del Departamento de Estadísticas de la ATTT.
Mientras que en los dos últimos años, 129 accidentes ocasionados por conductores del transporte colectivo han dejado víctimas fatales.
Algunos de los conductores manifiestan que al no tener un sueldo fijo, la alta velocidad con la que conducen es la diferencia entre comer y dejar de hacerlo.
Un problema que a menudo afecta a los trabajadores del volante son los problemas de postura, luego de conducir el pesado vehículo por más de 10 horas.
Se enfrentan diariamente a la inhalación del diesel, el que los conductores aseguran les causa problemas de salud y otros manifiestan cambios repentinos de humor que afectan a los que están a su lado.
Otro de los conductores asegura que a ellos no se les permite sindicalizarse y acusa a los dueños de autobuses, porque "son siempre ellos los presidentes de las piqueras" y a los conductores como él, no les está permitido ese privilegio.
A su lado, un "pavo" asegura que "esto es un monopolio y nosotros aquí no valemos nada", para explicar la falta de oportunidades.
(*)Los conductores temían revelar su nombre verdadero, por temor a perder el trabajo.
Garantizó que luego de las conversaciones con el director de Ingresos de la CSS, Pablo Puga, intentarán ampliar las negociaciones con los otros sectores lo más pronto posible.
La queja fue interpuesta por la Fundación Seguridad Ciudadana Pro-Orden y Disciplina, dirigida a incorporar a los conductores de buses al sistema de seguridad social.
La fundación busca, a través de la Defensoría del Pueblo, promover conversaciones entre los tres organismos responsables, para establecer una estrategia conjunta que garantice prestaciones laborales a los conductores, como cualquier empleado.
Gutiérrez afirma que la Defensoría del Pueblo "busca ser el ente catalizador" entre los conductores de buses, la ciudadanía y las autoridades pertinentes, a través de un diálogo en el que participen todos los sectores.
Como primer paso, propone un censo para establecer la cifra exacta de conductores; además insiste en la necesidad de educar a los conductores en los beneficios de estar agremiados. Para el funcionario, parte del problema de los "palancas" es su falta de organización.
Alexis Miranda, Secretario de Organización y Estadística del Sindicato de Conductores de Transporte Colectivo (SICOTRAC), afirma que procuran que los conductores tengan alguna forma de estabilidad laboral. No considera necesario el pago de "un salario", pero sí de la cotización a la CSS.
Para el dirigente, las conversaciones pretenden darle a los conductores la posibilidad de jubilarse y hacer uso de los servicios médicos que ofrece la institución de seguridad social.
La ley que regula el transporte en Panamá es No. 14 de mayo de 1993, reformada en 1999, y establece lo concerniente a las rutas y la relación laboral entre los dueños, los conductores de autobuses y sus ayudantes.
El artículo 57 de esta ley establece que los conductores de autobuses tiene subordinación jurídica y dependencia económica con relación a los propietarios.
Para Andrés Moya, de ALAP, estos dos aspectos son los que le permiten a los choferes de autobuses ser considerados empleados, con los mismos derechos que otros trabajadores.
Son pocos los artículos correspondientes al oficio de los operarios de autobuses; sin embargo, el reglamento establece la existencia de una relación de trabajo, aunque los choferes no estén inscritos en la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre ( ATTT).
Para Jorge Fabián Gutiérrez, director de Orientación y Protección de los Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo, esta ley no se está cumpliendo, por lo que han decidido recibir la solicitud de la Fundación Seguridad Ciudadana Pro Orden y Disciplina, para apoyar a los conductores.