"Centinela de la mañana, hemos venido para adorarte", se lee en una gran pancarta pegada a la base del obelisco de la plaza de San Pedro que se ha convertido en el diario íntimo donde los jóvenes descargan sus emociones.
Miriam y Valerio acaban de escribir: "protege nuestro amor". Por qué este deseo? "Porque es un santo, porque ha firmado una parte muy importante de la historia, porque...", dice la joven italiana que tiene sus bonitos ojos azules húmedos y que no acierta a describir lo que siente desde el sábado, cuando "su" Papa dejó de existir.
Por eso, los pilares del obelisco y las dos farolas de la plaza de San Pedro son testigos mudos del cariño inmenso que cosechó el Papa.
Y el único Papa que ha conocido toda una generación de jóvenes les retribuyó con creces su amor en los peores momentos de su agonía. Las últimas palabras entrecortadas que profirió fueron dirigidas a ellos. "Os he buscado. Ahora vosotros habéis venido a verme. Y os doy las gracias"", les dijo.
Caminaron lentamente por los salones engalanados por frescos mientras cantaba un coro, pasando una por una la Scala Nobile, la Prima Loggia, la Sala Ducale, la Sala Regia.
Al trasponer la Puerta de Bronce, la procesión atravesó la plaza en dirección a la basílica en medio de los aplausos del público, un signo de respeto entre los italianos.
En el interior de la basílica, el cuerpo fue depositado en una plataforma frente al altar central y el camarlengo volvió a bendecirlo con agua bendita e incienso.
Pero, después de un tiempo, los mosquitos comenzaron a chupar menos sangre para llevar menos peso y así poder seguir volando fuera de las casas.
La picadura del anófeles trasmite cuatro especies diferentes de parásitos, los cuales producen distintos tipos de malaria o paludismo, desde la más benigna o "vivax", hasta la maligna y letal "falciparum". Enfermedades que son muy extendidas, ya que la padecen más de 300 millones de personas.