E n menos de un año, la Cinta Costera, una de las inversiones millonarias de la administración pasada, se encuentra en completo deterioro.
En un recorrido que realizó Panamá Américaa los alrededores de esta obra, se encontró los inodoros repletos de heces hasta en el piso. El olor que emanaba del lugar era nauseabundo.
Cajetas, vasos, latas, botellas y papel periódico pululaban en medio de los desperdicios de comida, lodo y trapos mojados.
Los comerciantes ambulantes de los alrededores, cansados de los malos olores, decidieron limpiar los baños, a cambio de que les permitan cobrar 25 centésimos para seguir realizando el mantenimiento .
El deterioro es mayor. Puertas, ventanas, parte del cieloraso y el techo, además de los interruptores de luz y conexiones eléctricas de los gazebos están vandalizados.
Las tuberías de los sanitarios se encuentran obstruidas por la cantidad de desperdicios y algunas de las tuberías fueron sacadas de su lugar.
Pero no sólo las tres casetas están en decadencia, las áreas verde están maltratadas, los arbustos secos. El pavimento y la ciclovía tienen grietas y las alcantarillas están sin sus tapas de hierro.
Pese a esta situación, el ministro de Obras Públicas, Federico Suárez, señaló que “en la cinta no hay caos” y que pronto se dará en concesión su ornato y mantenimiento, mientras pasa a ser administrada por un Patronato.
Según el funcionario, el Patronato tendrá una función más expedita que la del Gobierno e incluso hará que la vía sea autosuficiente. Negó que haya irresponsabilidad en hacer la Cinta Costera a la carrera sin prever quién la administraría.