El Gobierno cumplirá su promesa de sacar de circulación a los populares "diablos rojos" antes de 2009.
En tal sentido, busca los mecanismos para otorgar a los "transportistas organizados" contratos de concesión a fin de que éstos puedan realizar préstamos y financiar los nuevos buses urbanos.
La iniciativa permite a los actuales conductores seguir al frente del volante, bajo el compromiso de respetar las luces rojas de los semáforos, conducir por su vía y ruta, usar uniforme y asistir a cursos de relaciones humanas.
Estas son algunas de las condiciones por las cuales los conductores, que recibirán un salario fijo con las debidas deducciones de seguro social, permanecerán en el sistema.
Las concesionarias, por su parte, están obligadas a mantener sus vehículos en óptimo estado de seguridad y condiciones de funcionamiento.
Además, deberán contratar obligatoriamente una póliza de seguro para todos los vehículos con el objetivo de garantizar indemnizaciones por causa de accidentes tanto al conductor, asistentes, auxiliares, pasajeros y terceros.
La idea no fue del agrado de John Bennett, ex presidente de la Asociación de Ejecutivos de Empresas.
Según dijo, "mientras la concesión esté en manos de aquellos que ven en la actividad solamente el aspecto lucrativo, el transporte seguirá rodando en desorden".
El empresario sugirió que se coordine con los transportistas para organizarlos, sin darle ciertas prerrogativas en los pliegos de licitación.