El reloj apuntaba la 1: 00 p.m., cuando los féretros ingresaban al templo, al mismo tiempo llegaban cientos de personas a despedir a una madre, esposa, amiga o compañera.
Con los ataúdes al frente, el primero que se acercó fue el padre de Vielka, Juan Rodríguez, quien soltó en llanto, sin poder controlar sus emociones. Enseguida cientos de personas rodearon los ataúdes, mientras sus rostros reflejaban trsiteza. Solo querían despedir a dos buenas mujeres.
Los compañeros de Vielka y Holanda, en el Grand Deli Gourmet, formaron un camino de honor en el pasillo principal del santuario para despedirlas y manifestarles que tan importantes eran para ellos.
El pastor se vio en la necesidad de ordenar el cierre de los féretros, ya que la gente estaba muy exaltada y desconsolada. Solo después de esta medida fue que pudo iniciar las honras fúnebres.
Cabe destacar, que los niños participantes de las exequias dejaron en evidencia su dolor. De sus bocas salían expresiones como: "No te vallas", "¿por qué?", "no". Mientras sus ojitos tristes eran cubiertos por agua salada.
Los consuelos no se hicieron esperar y es que aunque ante la multitud estaban los cuerpos inertes, no se asimilaba la forma trágica en que fallecieron. La ceremonia finalizó pero la notoria hambre de justicia, sigue presente entre los que despidieron a las víctimas de la delincuencia.
Según el reverendo, la Biblia dice que las autoridades han sido puestas, para castigar a los que practican la maldad, y "Dios llamará a cuentas, a los que teniendo autoridad no la ejercen".
Jorge Pineda compañero de Holanda y Vielka en el Grand Deli Gourmet dijo que sienten un vacío muy grande en sus vidas, ya que eran dos compañeras amistosas y honestas. "Estos crímenes fueron una brutalidad", acotó. El padre de Vielka, Juan Rodríguez espera que sobre los delincuentes caiga todo el peso de la ley.