Nación

Despiden a menor arrollado en la Tumba Muerto


Kathia despidió a su hijo desde su cama en la sala 7 del Hospital Santo Tomás. Las heridas de su brazo y pierna empiezan a sanar, pero las de su corazón están aún muy abiertas. Tristemente no cicatrizarán jamás.
Sus familiares se han empeñado en no dejarla caer. La tarea no es fácil, sobre todo después que a su propio hermano le tocó convencerla de que Giovanni, de 3 años, está muerto.
Desde antes de las 11:00 de la mañana de ayer, los familiares, vecinos y amigos de Kathia esperaban la llegada de la carroza en las inmediaciones de la Iglesia Santa María La Antigua, muy cerca de donde residían ella y su hijo. Una media hora después llegó el carro. El papá del niño, de quien éste heredó el nombre, viajaba en frente.
Al detenerse el vehículo, Giovanni Murillo bajó desconsolado y desde entonces no dejó de llorar. Los tíos y primos de Giovanni cargaron el ataúd y mientras, al fondo, las abuelas no encontraban refugio a ese dolor indecible.
El párroco Vicente Martín Mayoral recibió el féretro y de inmediato las personas se alinearon y una a una lo fueron despidiendo. El llanto desesperado de la madre de Kathia, Nery, se escuchaba cerca del altar. Le pedía a Dios que se la llevara con su nieto: "ya para qué quiero vivir".
Poco después se lograron instantes de calma y el sacerdote aprovechó para intervenir. Empezó por expresar que para él era también muy difícil presidir la misa.
"Uno no se acostumbra a la muerte de un niño y menos de esa manera", dijo Mayoral, al tiempo que agregó: "como cristianos no podemos decir que esa era la voluntad de Dios... se trata de un aspecto humano".
A medida que pasaba el tiempo las palabras del padre parecían sosegar los ánimos. "La fe no quita el dolor pero da esperanza", sostuvo después.
En tono enérgico, antes de despedir la ceremonia religiosa, Mayoral advirtió que "al que se encubre es a una persona de dinero por lo que la comunidad, como cristianos y ciudadanos, debe exigir justicia pacíficamente".
Los moradores de Santa María se hicieron eco de las palabras del cura. A la salida de la misa se escuchó: "justicia, justicia... queremos que se juzgue al responsable porque si fuera un hijo de "la cocinera" las cosas serían diferentes".
Giovanni fue llevado al cementerio de Juan Díaz. Allá el llanto y el dolor volvió a embargar a los presentes, aún sin resignarse: "¿Por qué a él?, ¿por qué a él?" repitieron hasta que el trabajador manual terminó de colocar cemento para sellar los bordes y de que su tío Elvis colocara dentro dos de sus juguetes preferidos: un carro y su computadora portátil.
Al mediodía del martes próximo moradores de Santa María y compañeros de la Universidad, de Kathia, protestarán en los alrededores de los edificios para exigir que se haga justicia en el caso.
Al margen de los servicios fúnebres que se realizaron ayer, las autoridades de la Policía Técnica Judicial (PTJ) continuaban con las experticias para determinar cada detalle de lo ocurrido el pasado martes en la Ricardo J. Alfaro.
Ayer, el padre de la menor, un médico de profesión, declaró ante la Fiscalía Auxiliar que su hija de 17 años conducía el vehículo el día del atropello.
El individuo reconoció que el BMW blanco fue llevado a los talleres de la compañía que expide el vehículo para que se hicieran las reparaciones, pero aclaró que desconocía lo que había sucedido y solo pensó que se trataba de un accidente sin consecuencias en el que había estado involucrado su hija.
Las averiguaciones que hizo la PTJ permitieron verificar, mediante factura, que el arma del delito fue introducido a los talleres inmediatamente después del atropello. Se conoció que por su condición, la menor no fue detenida, sino su caso remitido a la Fiscalía del Menor, ubicada en San Miguelito.


fecha edicion
old id
78109
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América