Un cese a la violencia fue el clamor durante el último adiós al dirigente transportista, Eric Silvestre Prescott, quien fue asesinado el pasado viernes en la piquera de buses de Veranillo.
"Nos sentimos indefensos con este nuevo modo de vivir" (violencia), expresó el religioso que presidió la misa en la Iglesia de San Juan Bautista de La Salle y Santa Mónica, en Parque Lefevre.
Transportistas, políticos, amigos y familiares de Prescott abarrotaron el templo, destacando la labor que tuvo el dirigente transportista y abogado.
Su madre, Amalia Prescott, dirigente comunitaria del barrio de San Joaquín en Pedregal, explicó el esfuerzo que tuvo para sacar a sus hijos hacia adelante y lamentó la forma como fue asesinado Eric.
Prescott dejó en la orfandad a una niña menor de edad.
Los buses de la ruta de Veranillo fueron paralizados por varias horas, mientras hacían un homenaje póstumo a Prescott en la piquera de Veranillo. El cortejo fúnebre fue encabezado por más de siete buses de esa ruta.
Por su parte, el dirigente Dionel Broce dijo no confiar en que la Policía Nacional pueda cuidar los más de 3 mil buses en la capital.
Este año, 14 conductores han sido asesinados por delincuentes.