Con dos pasos hacia delante y uno hacia atrás inicia la tan esperada procesión de los devotos del Cristo Negro, la cual está colmada de elementos simbólicos que llenan de esperanzas a quienes visitan el pintoresco pueblo de Portobelo.
En este día el Nazareno asume una cita especial con todos los seguidores, pues la devoción es una tradición que se mantiene vigente en nuestro país, y con el fin de agradecer los milagros que durante años el pueblo cristiano le ha atribuido en demostración de su fe.
Debido a ello, los devotos expresan su convicción con diversas tradiciones, siendo el peregrinaje una de las más conocidas.
Con la cruz sobre los hombros o la imagen del Nazareno, acompañado de velas, es llevado por los caminantes de la procesión más concurrida del país hasta que hace su entrada en la iglesia de San Felipe de Portobelo.
La iglesia católica por varios años impulsa el importante evento cristiano que llena de regocijo a hombres y mujeres que rechazados por la sociedad, ya sea por haber cometido un delito o apartados de los preceptos religiosos, se congregan y se arrepienten de los pecados cometidos. Habitualmente estas personas hacen sus peticiones de rodillas hasta llegar al altar.
Igualmente una multitud de creyentes se aprecia en el caminar, que sin distingo de raza o posición económica, siguen al santo milagroso, con el propósito de llevar una petición individual.