Nación

Dime qué comes y te diré..


LA osadía de comerse un popular "hot - dog", una presa de pescado frito, una empanada o tomarse una chicha, podría salirle muy cara.
¿Sabe usted si lo que está comiendo o bebiendo cumple con las medidas sanitarias mínimas?
Si su respuesta es "no", lo que leerá a continuación le dará una idea de lo que ocurre en los conocidos "carritos de comida".
En un recorrido realizado por Panamá América por diferentes puntos de la ciudad, durante dos días, se comprobó lo peor.
Las medidas higiénicas para varios de los vendedores de alimentos, parecen ser mero cliché.
En calle 51 Obarrio, en el área bancaria, estaba un vendedor de hot - dog, chicha de frutas naturales y soda en lata.
No tenía guantes, ni los respectivos delantales, no se le vieron envases de agua para mantener aseado el puesto y como si fuera poco, no tenía carné de salud a la vista.
Ese señor contó a Panamá América que el puesto era movible, pero en los últimos meses ha permanecido en el mismo lugar porque no lo puede llevar al depósito donde lo guarda.
Cuando se le preguntó si lo lava, dijo sin reparos: "no se ensucia".
En varios cubículos de su carro de comida, que dicho sea de paso tenían las puertas oxidadas, se guardan los ingredientes del hot - dog.
Muy cerca de él, una vendedora de comida para los empleados de una empresa telefónica, colocaba los platos listos para repartir, en el suelo.
Y luego, en vía España, justo a un costado del Banco Nacional de Panamá, un vendedor de frutas no se quedaba atrás.
Vende rodajas de piña y melón a B/.0.25, pero éstas eran tomadas por sus manos sin guantes y sin delantal.
A su lado, otro vendedor tomaba las empanadas con las manos. Las tenazas brillaban por su ausencia.
Lo que sigue, es todavía más preocupante. Un peruano que vende chicha, botellas de agua mineral, soda y hot - dog debajo del puente de la avenida Simón Bolívar, no tenía en cuenta las mínimas medidas higiénicas antes de despachar.
Dijo llamarse Lucas Arredondo.
La chicha que vendía Lucas era de naranja, pero tenía un color oscuro, por lo que le preguntamos si le había agregado raspadura y respondió: "no, sólo azúcar blanca"..
En menos de 15 minutos se rascó varias partes del cuerpo y con esas misma manos procedió a tomar los alimentos que eran solicitados por los clientes.
Su descuido tuvo agravantes. Con un pañuelo que reposaba en el agarradero del carro, se sacudió las secreciones nasales y luego, con ese mismo trapo, se secó el sudor del rostro.
Este manipulador de alimentos no contaba ni con guantes ni con delantal y lo peor es que tenía la nevera de las aguas y las gaseosas, en la acera del extremo de la calle, expuestas al humo vehicular.
Nos trasladamos después a Plaza Edison donde una vendedora de chicha y hot - dog en menos de 25 minutos, limpió el cuchillo con el que cortaba el pan con el mismo trapo que aseaba la parte delantera del carro movible.
Esa misma mujer arrojaba agua de un envase de soda a las salchichas para conservarlas húmedas.
Historias realmente desagradables que se repetían a lo largo de la ciudad, eso encontramos.
Panamá América observó que se trata de gente de todos los estratos sociales, al menos su apariencia así lo indicaba.
Son, según comentaron algunos propietarios de esos puestos ambulantes, personas que por su profesión les toca "comer algo rápido" para pasar el día.
Para ellos, un hot - dog, una empanada y la chicha de naranja son el mejor recurso.


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241053
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América