Nación

Dinero para sanar heridas


Aquel 18 de septiembre, hace casi dos años, Nitalia Martínez salió al balcón de su apartamento en la Bajada del Ñopo en la Avenida B a tender una ropa. Era un miércoles cualquiera, sin embargo, ese día terminó siendo el más trágico de su vida.
Nitalia fue sorprendida por lo que popularmente se conoce como la explosión de un transformador, lo que los técnicos califican como "una variación en la fluctuación de energía eléctrica" del poste ubicado a pocos metros de la residencia de la indígena kuna de 26 años. El resultado: quemaduras graves en su cuerpo, en los antebrazos y manos.
Todo parecía perder sentido. Sus tres niñas, hoy de ocho, cuatro y dos años, vieron a su madre literalmente "muerta en vida". Cuando Nitalia despertó estaba en el Hospital Santo Tomás en medio de una junta médica que evaluaba amputarle ambos brazos a la altura del hombro porque "había riesgo de gangrena".
Finalmente y después de varias consultas, fue irremediable, Nitalia perdió una de sus manos, pero antes de que los procedimientos continuaran, sus hermanos kunas abogaron por la tradición de su pueblo y se la llevaron a la comarca para "otros tratamientos".
No fue fácil. Al accidente se sumó la decisión de su esposo, Euclilio Díaz, de abandonarla y el vía crucis legal que tocaba la puerta.
Indemnización moral y económica fueron los términos que cobraron importancia luego de lo acontecido. El jurista Félix Antinori entró en escena como abogado defensor de Nitalia, así como el Congreso General Kuna.
Antinori aspiraba a que la empresa Unión Fenosa, a quien responsabilizó del hecho, resarciera a la joven indígena con B/. 2 millones, sin embargo, los kunas no estaban de acuerdo con el proceder del jurista y sus honorarios.
Ignacio Crespo, primo de Nitalia, tiene una opinión particular al respecto. "A Antinori no le importaba Nitalia sino el sueño del millón".
En vista de que el asunto no marchaba como los familiares y el congreso querían, el poder del abogado le fue revocado y en su lugar, Héctor Huertas fue llamado para la defensa.
Mientras tanto, el tiempo transcurría. Antinori sostuvo a El Panamá América, que él, por su parte, continuaba en su esfuerzo porque a la indígena se le "tratara igual que a cualquier panameño con apellido de alcurnia", aunque a su juicio, Huertas no obró correctamente.
Huertas, sin embargo, prefiere apelar a la ética y aclararle a Antinori que actuó tal como se debía. "Traté en cinco ocasiones de comunicarme con él para que habláramos del tema antes de cualquier cosa, pero no me respondió".
La disputa parecía no dar tregua. Un abogado de frente contra su colega y una madre humilde con pocas esperanzas de una vida decorosa, al menos hasta entonces.
Los intentos por justicia elevaron las diligencias hasta el Ente Regulador de los Servicios Públicos. Después de varias investigaciones la institución resolvió "inhibirse por falta de competencia".


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157344
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América