Nació y creció en un barrio marginado, en un hogar sostenido sólo por su madre y estudió en escuelas públicas. Bajo estas condiciones, el futuro de Francisco pudo ser similar al de cualquier niño pobre de Santa Ana. Pero su determinación de convertirse en médico hizo la diferencia, y lo convirtió en uno de los mejores neurocirujanos del país, y que además, le sirvió para descollar en el campo político.
Francisco Sánchez Cárdenas fue hijo único de una santeña: Fidelina Cárdenas de Rojas, quien le enseñó el valor del trabajo y la importancia de luchar por alcanzar sus metas. Hizo sus estudios primarios en la escuela Nicolás Pacheco y los secundarios en el Instituto Nacional. Sólo después de graduarse de sexto año, Sánchez Cárdenas compartió con su madre un sueño guardado por muchos años: estudiar medicina.
Doña Fidelina fue clara y le explicó a su hijo que por la difícil situación económica no podría sufragar la carrera, pero que lo ayudaría dentro de sus posibilidades. Con pocas probabilidades de lograr estudios universitarios, el bachiller recién graduado comienza a buscar trabajo. Sólo logra el de vendedor de boletos, los fines de semana, en el Hipódromo Presidente Remón, mientras ganaba otros dólares cobrándole a compradores de autos.
Con el dinero que devengaba, ingresó a la Universidad de Panamá, a la carrera de Pre-médica, en el turno nocturno. Pero a ese ritmo lograría el título de doctor en 15 años, por lo cual prefiere emprender la aventura de estudiar en España En la década de los 60 la vida era bastante barata en España, y junto con su compañero Mario Summer, quien estaba en las mismas condiciones y también logró ser neurocirujano, viaja e ingresa a la escuela de Medicina, en Madrid. Inicialmente creyó que los pequeños aportes que mensualmente su madre le enviaba, y un préstamo que obtuvo, le servirían para estudiar. Se equivocó.
"Había momentos en que me faltaba el dinero en España y mi madre cosiendo ropa, me mandaba 20, 30 ó 40 dólares con los cuales yo podía vivir muy restringidamente... pero vivía", recuerda Sánchez Cárdenas. Los libros y el hospedaje eran fiados, y al concluir el primer año de estudios, las deudas se habían acumulado.
"El 5 de octubre de 1964 me fui a Suecia para trabajar, ahorrar y volver a España a continuar la carrera", comentó. Lavó platos en el restaurante Rendez-vous, de Suecia. También limpió las máquinas de off set de una imprenta. "Esto de limpiar máquinas era un trabajo bastante pesado, que iniciaba a la una de la tarde y terminaba a la una de la madrugada, pero era muy bien remunerado", explica.
Un año después, exactamente el 5 de octubre de 1965, vuelve a España, cancela las deudas y se reintegra a su carrera. Hace un esfuerzo y alcanza a aquellos compañeros que siguieron los estudios durante ese año que él laboró en Suecia. Al tiempo que estudiaba, continúa trabajando, ya como enfermero anestesista, ya como médico "auscultans", que era una especie de práctica profesional y, finalmente, de médico en Suecia. Gracias a sus nuevos ingresos y a las exoneraciones de matrícula -logradas por sus calificaciones- concluyó la carrera.
Durante su estadía en Europa se casó con una sueca, quien ya murió, y con quien tuvo a Caroline, que actualmente tiene 33 años. Después del golpe de Estado del 11 de octubre de 1968, Sánchez Cárdenas viaja a Panamá. Como buen institutor rechazó el régimen militar.
"Pero después de estar aquí nos encontramos con un proceso que nos pareció interesante, y que se entendía ayudaría a los más humildes... nos convencieron", relata. En 1970 concluye su doctorado "con todos los honores" y vuelve a Panamá. "El día que volví con mi título de médico mi madre fue muy feliz, porque ese fue también un sacrificio suyo", dice. Una vez en el país, empieza a ejercer su profesión. En 1975 termina una especialidad en Neurocirugía en la Caja de Seguro Social (CSS) y en 1978 concluye una subespecialidad en Microneurocirugía, en la Universidad de Bonn, en Alemania.
Se casa con la enfermera Euda Atenas Plata, con quien tiene cuatro hijos: Maité, médico general; Lourdes Maribel, Francisco Javier, ambos financistas internacionales y Luis Ricardo, que está terminando la carrera de ingeniería en sistemas. En el campo de la docencia Sánchez Cárdenas ejerció como profesor asistente en la cátedra de Neuroanatomía en la Universidad de Panamá.
El haber aprovechado la oportunidad de estudiar y convertirse en un profesional, lo motivó a un nuevo reto, que era incursionar en la política partidista. Durante el régimen militar se inscribe en el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y destaca en el campo de la salud hasta convertirse en director de la CSS, luego en ministro. Su prioridad -señala- era establecer medidas de medicina preventiva.
Ya restablecida la democracia, Sánchez Cárdenas es uno de los perredistas que trabajó en la reorganización del deshecho PRD y ocupa el cargo de segundo subsecretario del partido. Cuando Ernesto Pérez Balladares gana las elecciones presidenciales de 1994, lo nombra ministro de Vivienda. A sus 58 años, Sánchez Cárdenas proyecta mantenerse activo en los quehaceres políticos.
Asegura que la responsabilidad más importante del Gobierno y la sociedad es mejorar sustancialmente la educación. "Creo que no habrá solución en este país, si no agarramos en forma seria y profunda la misión de preparar a dos o tres generaciones con todos los adelantos disponibles y dedicar todos los recursos que se tengan que dedicar a esto", afirma. Considera que si se dedican grandes recursos a educar a las próximas generaciones, pueden surgir miles de profesionales en el futuro.
En otro ángulo, sostiene que "no debemos estar usando las partidas circuitales para comprar bloques y cemento, ni las secretas para que el presidente de turno compre sillas de rueda, porque -aunque son actos que no son del todo criticables- al final no queda nada permanente".
Consideró que si se dedican grandes recursos a educar a las próximas generaciones, pueden surgir miles de profesionales en el futuro. El político, quien ha sido criticado por sus rivales políticos, es hoy un especialista en una de las disciplinas médicas más delicadas, que salió de un barrio popular a vivir en uno exclusivo.