Nación

Dos torturas a opositores, en los últimos días de Noriega


Siete días antes de la invasión, la Embajada de Estados Unidos en Panamá reportó a Washington dos torturas del régimen militar de Manuel Antonio Noriega que hasta ahora no habían salido a la luz pública.

Se trató del activista demócrata cristiano, Gustavo Cedeño, y de Héctor Antonio Arrocha Rivas. Cedeño se presentó el 13 de diciembre de 1989 a buscar refugio en las bases militares de Estados Unidos.

Un cable secreto de la Embajada de Estados Unidos, que fue filtrado a Wikileaks y entregado a Panamá América, documentó la narración de Cedeño de cómo fue torturado por las Fuerzas de Defensa de Panamá y hasta reveló el nombre de uno de sus verdugos.

La víctima dijo que fue secuestrada en su casa el 5 de diciembre de 1989 por 20 hombres armados y retenido durante 21 horas. En ese lapso, dijo que lo golpearon y cuestionaron por un supuesto nuevo golpe de Estado contra Noriega.

Cedeño contó -de acuerdo al cable de Estados Unidos- que fue llevado en un carro en el que también se encontraba detenido uno de sus amigos: Héctor Antonio Arrocha Rivas.

Explicó que pudo reconocer a Arrocha Rivas cuando uno de los hombres armados lo inclinó y puso su cara entre sus rodillas. Desde esa posición, observó que Arrocha no tenía zapatos y que sus pies estaban ensangrentados porque las uñas se las habían arrancado.

 

Luego, Cedeño -narró- no pudo ver más nada porque le fue puesta una capucha en su cabeza. Según dijo, fue trasladado al Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa.

En el lugar fue desnudado, golpeado y se le colocó cinta adhesiva en sus ojos. Allí fue interrogado por diferentes grupos de militares que utilizaron mangueras de hule para golpearlo.

También -dijo- se le aplastó el dedo del medio de los dos pies con un martillo.

 

Un doctor, que se presentó para atenderlo, advirtió a los militares que no podían seguir pegándole en los pies.

La tortura -según el cable- incluyó sumersión en agua, lo que hizo que el civilista perdiera la conciencia en dos oportunidades.

Cedeño dijo a Estados Unidos que los interrogatorios estaban centrados en un presunto intento de golpe de Estado que iba a tomar lugar a mediados de diciembre de 1989.

 

Tras las torturas, el prisionero terminó inventando que el rumor del golpe había empezado porque se decía que el general Noriega estaba teniendo problemas para pagarle a las Fuerzas de Defensa.

En su narración, Cedeño expresó que una de las personas que al final del martirio lo presionó para que se convirtiera en un espía del régimen de Noriega fue el ex coronel Carlos Arosemena King, según el cable de la Embajada estadounidense.

Esa era la condición -le dijo Arosemena King- para dejarlo en libertad y garantizar que a su familia no se le iba a hacer daño.

Cedeño confesó que accedió a la propuesta y a cambio se le fijó un estipendio de mil dólares mensuales.

También se le obligó a firmar “un número de declaraciones”, entre ellas, una acusando al presidente del Partido Demócrata Cristiano, Ricardo Arias Calderón, de ser cómplice del plan de golpe de Estado.

En otra, se acusaba al arzobispo católico de Panamá, Marcos McGrath, de tener una imprenta ilegal en un colegio católico.

Tras ser liberado, Cedeño afirmó que le comunicó a Arias Calderón del arreglo que lo obligaron a firmar.

Sin embargo, la Embajada de Estados Unidos señaló que no tenía forma de verificar todas las acusaciones de Cedeño, a excepción de las contusiones en su cuerpo y los dedos de los pies dañados.

El cable destacó que la experiencia descrita por Cedeño ofreció una mayor visión de los pensamientos y métodos que utilizaban “los matones de Noriega”.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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