A pesar de que el Mercado Público contará con nuevas y modernas infraestructuras en la avenida B, Calidonia, los comerciantes se oponen rotundamente al cambio, por lo que siguen en pie de lucha, con el objetivo que sus sueños no se esfumen.
La demolición de las viejas instalaciones del Mercado Público que datan del siglo pasado, ubicado en el área de San Felipe, parece no tener vuelta atrás. Se espera que para el próximo jueves 26 de enero de 2006 inicien los actos simbólicos del derrumbe.
A pesar de los hierros retorcidos y las vetustas paredes que muestran un grado de deterioro por el pasar de los años, guardan en cada rincón o espacio grandes vivencias que son inolvidables para las personas que han crecido junto a él.
"De este mercado hice un hogar, una vida y saqué adelante a mi familia, al tiempo que pude inscribir a mi hija en una escuela privada", expresó el señor Jorge Rivera, uno de los arrendatarios de la sección de abarrotería.
¿Cómo olvidar estas estructuras?, se preguntó Rivera con dolor, pues aunque tiene unos 43 años de ser comerciante en este lugar tendrá que decirle adiós a las antiguas infraestructuras, las cuales dejan un retrato positivo de los grandes momentos.
El señor cuenta que las vivencias en este mercado han marcado su vida para siempre, ya que gracias al trabajo digno, su esfuerzo y dedicación, ha viajado a países como Estados Unidos y Costa Rica.
Para Ángela de Vega, la situación es igual de conmovedora, porque son 39 años que ha permanecido lucrando como pequeña empresaria vendiendo quesos nacionales, desde la época en que el mercado se desenvolvía en un ambiente de mejores condiciones. "Ahora nos pretenden sacar, después que hemos formado nuestra clientela".
Señala que actualmente la inmundicia impera en el lugar, sin que las autoridades del Municipio de Panamá brinden aseo a los pisos que lucen malgastados con el paso de los años.
Según los arrendatarios tiene más de un mes que no le brindan el debido mantenimiento. Igualmente el cableado eléctrico está obsoleto y los baños en pésimas condiciones, agregó Vega.
"Voy extrañar los buenos tiempos del mercado y sus viejas instalaciones, porque lo conozco desde que era una niña", manifestó con lágrimas en los ojos y voz entrecortada.
Según Vega pudo mantener y educar a sus 11 hijos, la mayoría de ellos profesionales, gracias al dinero que se generaba y que actualmente es imposible, pues hay privaciones que impiden que el mercado renacer de entre las cenizas como el Ave Fénix.
Las causas son muchas dijeron los arrendatarios, toda vez que las maderas de los cubículos permanecen sin pintar y resquebrajadas, los pisos faltos de limpieza, las puertas de los baños en pésimas condiciones y varios orinales que no funcionan, al igual que los lavamanos.