En una playa de Centroamérica, en las primeras horas del día, una tortuguita se arrastra trabajosamente hacia el mar después de romper el cascarón. Trata de escapar de los depredadores, como mapaches, cangrejos y gaviotas. Luego de sumergirse en las aguas, nadará errante por los mares y si no es comida por algún pez, ni queda atrapada en las enormes redes de los barcos camaroneros, o se asfixia con los plásticos que flotan en el mar, regresará 30 años después a desovar en la playa que la vio nacer.
Nuevos peligros esperan allí. Ansiosos pescadores esperan a las tortugas para vender su carne o producir artesanías con sus conchas. Otros saquean los nidos, cuyos huevos terminarán acompañando las cervezas en algún bar.
Estos son algunos de los problemas que fueron discutidos en un reciente taller organizado por la Asociación de los Nuevos Alquimistas (ANA), que congregó en Costa Rica a cerca de 60 biólogos de la región, para emprender un esfuerzo conjunto por la protección de estos reptiles. Según la Unión Mundial para la Naturaleza, las seis especies de tortugas que llegan a las costas de Centroam|rica, entre ellas la lora, la carey y la baula, están en peligro de extinción.
Cada año, miles de tortugas son cazadas para comerlas, sin contar los miles de huevos extraídos de los nidos. Las peores matanzas en las costas se presentan en Bluefields, Nicaragua; Tortuguero, Costa Rica y Changuinola, Panamá. También el creciente desarrollo urbano y turístico de las playas donde anidan estos reptiles marinos afecta sensiblemente la supervivencia de las especies.
Alrededor de 80.000 tortugas quedan atrapadas cada año en las redes de los barcos camaroneros centroamericanos. El Congreso de Estados Unidos promulgó en 1996 una ley que embarga la producción camaronera de todas aquellas naciones que no tomen medidas para proteger a las tortugas marinas, como el uso de Dispositivo de Exclusión de Tortugas (DET), que permite a la tortuga liberarse de las redes. Roxana Silman, directora nacional de la Caribbean Conservation Corporation en Costa Rica, afirma que "aunque hay legislación para que los barcos camaroneros usen el DET, no existe suficiente control sobre su uso".
Silman y sus colegas piden a los gobiernos que protejan a las tortugas de una manera efectiva, promulgando leyes y concientizando las poblaciones costeras sobre la importancia de protegerlas. Entre los acuerdos del taller se plantea el restablecimiento del anillado de tortugas en toda Centroamérica, para conocer sobre su migración.
Una resolución firmada por los biólogos reconoce que las tortugas marinas "son la base social y económica de muchos pueblos costeros y que con su extinción desaparecería una fuente de alimento y de atractivo turístico".
Afirman que "cada nación debe buscar su propio modelo de conservación y desarrollo de las tortugas marinas, pero éste debe ser socialmente aceptado, ecológicamente equilibrado y basado en las mejores prácticas de manejo de la región".