Nación

El Canal rojo, pero de vergüenza


Leo con la informalidad de siempre las páginas de los diarios en Internet, me detengo en aquellos temas y asuntos propios de mi oficio, reviso textos que de otra manera me sería imposible enterarme, de alguna manera me salto los caprichos del editor que selecciona de acuerdo con los intereses que representa e intento organizar mi propio calidoscopio de información especializada, analítica, documentada y amplia en colores como un arcoiris naciendo detrás de la montaña a prima hora.
Labor que cumplo a diario, como el sigiloso desplazamiento de un monje del medioevo, y sin embargo, nunca encuentro una información clara, objetiva, integral, informada sobre la suerte del Canal ístmico al concluir el milenio, como si las bisagras de sus esclusas nos presagiaran días agoreros o el tema no tuviera trascendencia.
Me pregunto qué dirían Carlos V, quien hace 455 ordenó los primeros estudios topográficos para la construcción de un Canal a través de la cintura ístmica, o el legendario Conde Fernando de Lesseps constructor del Canal de Suez y un visionario de la vía interoceánica panameña y el propio presidente norteamericano Tedy Roosevelt, quien dijo: "Yo tomé Panama" o mejor dicho "Y took Panamá", para construir la vía interoceánica que uniera océanos y continentes y extender hasta aquí las fronteras físicas de Estados Unidos de América.
Mala memoria la de la prensa mundial,- pienso cuando leo frente a mi escritorio en el reloj canalero distribuido por la Comisión del Canal-que faltan 13 días para que la histórica vía acuática, protagonista excepcional en la historia republicana panameña, sea transferida al país anfitrión, que a través del más leonino tratado que ha conocido la historia de la humanidad, (Hay-Buneau Varilla) cedió sus entrañas Pro Mundi Beneficio durante 85 años, para grandeza y prosperidad del comercio marítimo mundial.
Qué dirían, me pregunto, de este pavoroso y torcido silencio de los medios internacionales, los 75 mil trabajadores provenientes de todas partes del mundo, muchos de los cuales dieron su vida por hacer realidad esta pionera construcción de la ingeniería norteamericana y francesa, que unió las Américas entre sí y con los continentes, en medio de un clima hostil que venció a los franceses.
¿Olvido, gajes noticiosos en tiempos virtuales, indiferencia, desconocimiento del valor estratégico del más dulce de los Canales del universo, que gasta, derrocha 52 millones de galones de agua dulce por cada uno de los 40 tránsitos diarios?-, no sabemos, pero se ha erigido un muro de silencio ante el traspaso allende las fronteras de la pequeña Panamá.
Para el Istmo, la noticia era esperada poco después que se suscribió el infame tratado de 1903, y más recientemente desde hace 23 años, cuando se dio luz verde a los sueños nacionales de recuperación del bien canalero, con la firma de los Tratados Torrijos Carter, en Washington, el 7 de septiembre de 1977.
Sin embargo, no todo es silencio y olvido, porque los enemigos de que Panamá administre su recurso y posición geográfica, no descansan desde la patética frase de Roosevelt: "Y Took Panamá", porque en verdad la construcción de la vía interoceánica dio pie forzado para administrar jurídica y militarmente un territorio de 1.432 kilómetros cuadrados, que pasaron a llamarse Zona del Canal de Panamá: un Estado dentro de otro Estado, con leyes propias, policías, jueces, educación, bandera y una gran cerca que separaba la franja territorial del país real llamado Panamá, y cuyos residentes zoneitas se regían por las leyes del Estado de Louissiana.
El Clarín de Argentina, el diario con mayor circulación del mundo en idioma castellano, comentó en días pasados que un grupo de ex almirantes ultraconservadores de Estados Unidos, al grito de "Salven nuestro Canal", expresaron su oposición a que Washington transfiera la vía a Panamá el próximo 31 de diciembre.
Hasta ahí todo pareciera parte de un libreto fuera de época, obsoleto y a contra vía de una historia en camino de convertirse en realidad. Pero el mensaje va más allá y revive la Guerra Fría, que tantos frutos rindió a los extremos de uno y otro lado del mundo en perjuicio de las pequeñas y desprotegidas naciones del llamado Tercer Mundo.
"China asumirá el control total del Canal y la presencia de los guerrilleros colombianos en el sur de Panamá aumentará aún más", se hace eco Clarín, de uno de los ex almirantes que tiene nombre de boxeador, Thomas Moore. El gobierno chino, cito a Clarín, aprovechará la ocasión para intentar colocar misiles en Panamá de la misma manera que lo hizo la ex Unión Soviética en Cuba. Los Tratados son inválidos, el Canal es nuestro, nos gastamos en ese entonces 34 mil millones de dólares (sic), compramos la tierra (sic). En realidad, denuncia Moore, el Canal de Panamá es el Canal de Estados Unidos y es mejor muertos que rojos.
Los ex almirantes no son los únicos, porque sus críticas tienen la fuerza de senadores republicanos y centros conservadores influyentes, que denuncian que los buques norteamericanos estarán a merced de los puertos controlados por los chinos en ambas riberas: Balboa (Pacífico) y Cristóbal (Atlántico), que maneja la empresa Hutchison Whampoa de Hong Kong, considerada "un brazo del Ejército de Liberación del Pueblo chino", por los militares retirados.
Sueños de opio, dicen, el de los almirantes retirados de pretender que el Canal no sea devuelto a manos panameñas, porque el gobierno del presidente Bill Clinton ha cumplido con rigor, transparencia, celo y exactitud, lo pactado por Washington y Panamá ante la comunidad internacional, luego que ambos países culminaran exitosamente 13 años de intensas, difíciles, dramáticas y azarosas negociaciones.
Estados Unidos es el origen y destino de casi el 70 por ciento del comercio de la vía acuática, y actualmente los mayores usuarios del Canal son además de Estados Unidos, Japón, Canadá, Chile y la República Popular de China. El Canal en verdad se construyó a un coste de 375 millones de dólares, incluidos los 40 millones cancelados a la Compañía del Canal Francés y 10 millones a la República de Panamá.
Las declaraciones de los ex almirantes se produjeron casi coincidentemente cuando Estados Unidos y China finalizaron 13 años de intensas negociaciones comerciales para liberar el comercio de ambos países, ya que el gigante asiático con 1300 millones de habitantes exportó en 1998, 184 mil millones de dólares e importó 140 millones de dólares. Las exportaciones chinas crecieron a Estados Unidos en más de 200 veces desde 1978, ya que hoy ascienden a 70 mil millones de dólares.
Por eso los analistas y expertos en comercio internacional se preguntan por qué Panamá, cuyo Canal es neutral y abierto a todas las Naciones del mundo, no puede comerciar con China u ofrecerle facilidades portuarias con responsabilidad.
China por su tamaño y lo que representa, la formidable tradición de cinco mil años de civilización ininterrumpida, no puede ser ignorada por Estados Unidos, ni el mundo, y desde luego, por Panamá.
En medio de este ruido estridente de tambores de guerra en tiempos de paz, Panamá se prepara con paciencia china para asumir con eficiencia la mayor responsabilidad de su historia republicana, como lo es en efecto administrar el Canal en beneficio propio y de los intereses de la comunidad marítima mundial.
De hecho el país está trabajando arduamente para integrar la vía interoceánica a la economía nacional y en este nuevo complejo marítimo que se construye y desarrolla alrededor de la vía acuática, con la modernización de los puertos, inversiones en carreteras, está la respuesta silenciosa y firme de una pequeña Nación que está dispuesta a no fallar a pesar de algunas aves agoreras, cuyos presagios nos recuerdan a Cassandra.
Callado, como las aguas del Chagres que le alimentan, el Canal se moderniza, los panameños en más de un 90 por ciento ejercen las funciones claves de la vía interoceánica, cuyo secreto para seguir funcionado a lo largo del siglo y del tercer milenio, es la palabra mantenimiento y la preparación permanente de quienes hacen posible que el sueño de Carlos V, hecho realidad por la ingeniería moderna, continúe operando, para beneficio del cuatro por ciento de la carga mundial.
El Canal sigue gozando de buena salud, incrementando sus ingresos, debido a una administración del panameño Alberto Alemán Zubieta, caracterizada por una "visión estratégica que garantiza que la vía acuática mantendrá su valor económico a largo plazo, tanto para Panamá como para sus usuarios".


fecha edicion
old id
73931
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América