Dieciocho años después de haber salido de lo que él mismo señala como El cementerio de los vivos, Branco Pagan busca justicia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en donde presentará una demanda contra el Estado.
A casi ocho años de habérsele declarado inocente por un jurado de conciencia, por un delito de homicidio que no cometió y en el que fue involucrado por miembros de las Fuerzas de Defensa, Pagan aún trata de reconstruir su vida.
Cuando en 1996 fui declarado inocente y salí de la cárcel no tenía nada, ni casa, ni carro sólo, gracias a Dios, mi esposa y mi hijo, los que se fueron a Colombia mientras estuve detenido.
El sistema judicial panameño es obsoleto, me cambiaron de cárcel como en cinco ocasiones, estuve en Tinajitas, La Modelo, en la Undécima Zona Militar y en El Renacer.
El resto de los sindicados en mi proceso, cambiaban de abogado a cada rato, entonces la Corte daba cierto tiempo a las partes para conocer el expediente o se notificaban de enfermedad y así transcurrieron 10 años, sin un juicio.
Mi única culpa fue haber sido conductor del capitán Jorge Eliécer Bernal y él me mandó a que llevara a José María Zuleta (fallecido) a Colón a la casa de José Vásquez, lo llevé como conductor, me quedé dormido en el carro, escuché el tiro y me enteré que había matado a Beladino Vásquez.
Nunca pude declarar porque fui amenazado, me decían: "Si hablas mira lo que te puede pasar, afuera tú tienes familia, puedes tener la justicia, pero nosotros tenemos la fuerza" y tuve que acceder a todo lo que me pedían.
Me detienen y me llevan al Departamento Nacional de Investigaciones (DENI), me torturan, me dan golpes, tomaba agua sucia, me guindaban de las manos y me dejaban con las manos atadas a la espalda en la celda, por lo que tenía que orinarme en los pantalones.
Escribí en varias ocasiones a la Corte para pedir que se acelerara mi proceso, a la magistrada Elvia Batista. En la cárcel no hay visitas, no hay sicólogos, trabajadores sociales, el mundo se olvida que allí hay gente.
Luego del veredicto, presenté una serie de reclamaciones, le escribí al ex presidente Ernesto Pérez Balladares y me consiguió un cupo de taxi, de lo que vivo.
Presenté una demanda contra el Estado, me consiguieron unos abogados inexpertos. La llevaron al Juzgado Décimo Civil, cuando debió ser interpuesta en la Sala Tercera Contencioso Administrativo y por ello fue rechazada.
Pienso presentar una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por la violación de mis derechos. Tengo una nota de la Defensoría del Pueblo en donde se establece que a quien no se le pruebe su participación en delito y permanezca detenido, debe ser indemnizado.
Ahora estoy escribiendo un libro titulado El cementerio de los vivos, porque en la prisión todo el mundo nos olvida. El mayor anhelo es salir, demostrar la inocencia.