Las promesas de los políticos generalmente caen en saco roto aunque eso no debería asombrarnos. Pero sí de preocuparnos cuando en medio del discurso político hay niños desnutridos y discapacitados.
Ya han pasado suficientes días para que las autoridades del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (IFARHU) les ofrezcan una respuestas al clamor de los niños del comedor de Torrijos- Carter, luego que inesperadamente le suspendieran la beca comunitaria, que les otorgó la pasada administración.
¿Cuál es el trasfondo, será que le están buscando la quinta pata al gato? Algunas madres nuevamente se han acercado a este medio para elevar su clamor.
Blanca Barría, administradora del comedor y voluntaria social para atender las múltiples necesidades de los chicos y grandes del sector de Torrijos Carter, en el distrito de San Miguelito, dice que ya no sabe qué hacer "todos los días la gente viene a pedirme comida y ya no tengo qué ofrecerle".
Por ahora los menores y bebés solamente están recibiendo crema. La mamá de Roberto, un niño indígena discapacitado que desde hace muchísimo tiempo acude al comedor comunitario dijo a Panamá América que no tendrá más remedio de irse para San Blas. "Mi esposo no tiene trabajo y en el único lugar donde he encontrado solución a mi problema ha sido en la casa de la hermana Blanca".
Barría es ampliamente conocida no solamente en la comunidad sino en las diversas instituciones del Estado. Los políticos la conocen perfectamente y son testigos de la labor solidaria que ésta realiza a favor de los menos favorecidos.
Y mientras las autoridades se ponen de acuerdo para seguir reevaluando la deliberación del subsidio comunitario la situación en el comedor de Torrijos-Carter se pone "color de hormiga". Yorgelis, la pacientita con ictiosis acude a la escuela sin almorzar, los otros menores discapacitados extrañan su almuerzo que su mamá les solía llevar. Los siete hermanos Chirú han dejado de asistir a clase.
En las manos de las autoridades está la respuesta de seguir apoyando la obra social y humanitaria que inició Blanca de Barría, mujer extranjera que nació en El Salvador pero que por razones del destino se quedó en nuestro país.
Todo comenzó cuando a su puerta llegaban los niñas y niños para pedirle comida y medicamentos. Posiblemente hoy muchos ven con extrañeza como ésta dejó su empleo y emprendió un trabajo social voluntario que aunque no ofrece ganancias económicas es gratificante porque en la vida es mejor dar que recibir.
Mientras haya gente humanitaria y amante de los derechos humanos, nuestra niñez tendrá esperanza.
El comedor de Torrijos - Carter espera una respuesta
Los niños esperan desde que inesperadamente le suspendieran la beca comunitaria, que les otorgaron.