No muy lejos de la Presidencia de la República, desde calle octava, Josesito, un niño que sueña con ser doctor, corre presuroso hacia el comedor infantil que está en San Felipe.
Este es el único sitio donde come a sus anchas.
Junto a Josesito también corre el desarrollo del país, y en Paitilla se levanta una nueva ciudad en la que los edificios compiten por tocar las nubes. Allá hay niños que consumen leche de primera, arroz de enorme grano y hasta pollo y carnes importadas.
Josesito no sabe nada de esto. Él sólo entiende que debe ganarle a otros 199 niños que, como él, quieren ser los primeros en probar el almuerzo del comedor infantil.
Él tiene en su estómago un tigre que ruge alimentado por la pobreza, porque no ha desayunado aún y ya es mediodía.
No sabe a cuánto asciende el Producto Interno Bruto (PIB) del país, ni conoce del repunte en las exportaciones, y del Canal solo oyó que lo van a ampliar.
Tampoco conoce que el arroz, el maíz, la carne, el pollo y la leche aumentaron sus precios.
Esto es Panamá. Un país con dos caras.
Realidades. Mientras la cara linda de bonanza económica muestra su mejor ángulo, la otra es una imagen distorsionada y para muchos increíble.
Así lo indican los nformes del MEF y el estudio "Evaluación de la pobreza en Panamá: Hacia una reducción efectiva de la pobreza", que realizó recientemente el Banco Mundial (BM).
Que hay distorsiones en la distribución de la economía panameña no es nuevo.
Estudios económicos privados apuntan que cada 15 años se duplica la economía, pero es cada 50 años que se duplica el ingreso de la población.
Hasta la disponibilidad de alimentos ha disminuido por el incremento en su costo, los bajos salarios y el desempleo.
Por ejemplo, en áreas de difícil acceso e indígena, el 90% de la población es pobre y 1 de cada 3 niños está desnutrido.
El problema de la desnutrición se acentúa porque es una de las principales causas de mortalidad infantil, como la acaecida en Ñurum, en Veraguas.
Allá fallecieron 17 niños, víctimas de la falta de atención inmediata y de la pobreza que azota la región.
La mortalidad infantil está asociada profundamente a la desnutrición, porque al no alimentarse la madre que da pecho o el mismo niño, quedan vulnerables a las enfermedades que los atacan.
Alberto Bissot, director del Hospital del Niño senaló que durante el 2005 se atendieron 289 casos de niños con desnutrición. De estos 20 fallecieron.
En el 2006, aún cuando fueron menos casos (279), fallecieron 28.
El crecimiento económico tiene otra cara: el hambre
El creciente desarrollo de la economía panameña también acelera los problemas sociales. Un informe de CEPAL indica que, entre 1940 y 2004, casi 57 mil menores de cinco años murieron por la desnutrición.