Nación

El descontrol en el uso de antibióticos plantea riesgos


La resistencia de las bacterias a los antibióticos y antimicrobianos se ha convertido en un desafío para los sistemas de salud pues, mientras se debate si están preparados para detectarlas, la falta de conocimiento de la población sobre su uso racional y el descontrol en las prescripciones, están cobrando vidas y utilizando fuertes recursos económicos de sus presupuestos.

Según cifras del Ministerio de Salud (MINSA) del 2009 al 2011, la inversión se ha duplicado.

Eric Conte, director de Farmacia y Drogas del MINSA, informó que en el 2010 esta inversión representó el 20% de su presupuesto.

 

Las infecciones son causadas por virus y los antimicrobianos no les hacen efecto.

En la región, las organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud (OMS-OPS) han dado su alerta porque la situación es cada día más caótica, pues las infecciones más simples no le funcionan los fármacos que eran efectivos.

Compleja situación.
De todos los pacientes que uno les prescribe un antibiótico, solo el 40% termina el tratamiento como se les recomendó, el resto lo deja, afirmó el infectólogo Guillermo Kenion, con más de 30 años de experiencia en esta rama. "Es terrible, apenas el paciente se siente bien lo deja", aseguró Kenion.

 

Esta conducta es la que genera la resistencia de la bacteria porque, al no tomarlo, permanece y nunca se cura, y los gérmenes que tuvieron contacto con el antibiótico producen hijos resistentes porque las bacterias se multiplican cada 12 minutos y en 24 horas se producen 281 millones, las que ya son resistentes, explicó.

Desde hace 30 o 40 años se sabe que hay que regularlo, pero las acciones de los directivos que no comprenden el problema han sido limitadas, afirmó Kenion.

Si no hay suficiente personal técnico y enfermeras no puede darse la vigilancia adecuada, advirtió.

 

Prescripción médica.
Según Conte, otro de los factores que influye en la resistencia es el descontrol en la prescripción, a pesar de que el Estado exigió (Resolución 101 de 1 de diciembre de 1998) receta médica para su dispensación.

“Hemos observado que a pesar de ese control se sigue prescribiendo indiscriminadamente”, sentenció.

Dijo que hay casos en que los médicos, en vez de tratar el cuadro con un antibiótico que resuelva la bacteria causante de la infección, utiliza uno más sofisticado, más caro, aunque reconoce que la mayoría es responsable y utilizan el tratamiento escalonado.

 

Citó como ejemplo las amigdalitis y bronquitis que pueden tratarse con antibióticos básicos, utilizan de IV generación inyectable, los que surten su efecto, "pero cuando su organismo se enfrenta a la bacteria a una segunda o tercera ocasión, ya empieza a crear resistencia.

Pruebas de sensibilidad.
Leandra Gómez, profesora de la Universidad de Panamá y quien realiza una maestría en antimicrobianos, manifestó que el enfermo es impaciente y quiere alivio ya, cuando lo ideal es que se haga una prueba de sensibilidad para saber qué bacteria tiene y darle en el blanco, porque las pruebas parciales, de sangre (hemograma) solo dicen si es una infección por bacteria, virus o parasitaria. “Si usted acostumbra a tomarlo cada vez que se siente mal, está creando la capacidad de la bacteria de resistir y cuando le dé una infección fuerte no vamos a tener con qué tratarla, no se automedique”, dijo.

Por eso los infectólogos enseñan a los otros médicos “no usar antibióticos sino se confirma una infección bacteriana”, precisamente para reducir la posibilidad de resistencia, aseguró el infectólogo Xavier Sáez Llorens.

Mutaciones.
Para bloquear el efecto de los antimicrobianos, colocan una bomba de egreso que no permite que se ataquen las proteínas y no puede causar su efecto. También cambian el sitio de unión: “Está la bacteria, el fármaco llega y se lo modifica químicamente y no lo reconoce, o lo reconoce, pero crea unas enzimas que inactiva a la molécula”, explicó Gómez.

Cada vez que se le presenta una agresión crea una barrera y se defiende, a esto se llama resistencia, la capacidad de mutación, aseguró.

Ha visto resultados donde al paciente solo le queda una alternativa y son los antimicrobianos nefrotóxicos y ototóxicos, es decir, dañan el riñón o el oído.

“A veces hay riesgo beneficio, pues el paciente puede morir de una sepsis, perder el riñón o ir a diálisis, y a veces esos daños son irreversibles, no hay vuelta atrás”, dijo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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