El estado vegetal de Nesley Milena Mosquera, de 25 años, fue una poderosa razón para que su madre buscara tranquilidad en otros lares, y al parecer la ha encontrado en Panamá.
"Milena", como se le conoce en el área de Zona Libre, en Jaqué, Darién, permanece desde 1999 paralítica. Su vida cambió súbitamente en julio de ese año, cuando se dirigía hacia el Consejo Municipal en Juradó, donde era secretaria.
Actualmente vive en Jaqué, junto a su madre Eneida Garcés y sus cinco hermanitos, bajo el estatus de "protegidos humanitarios".
Mientras Eneida preparaba cocadas en un fogón, las que serían vendidas para obtener los ingresos diarios, la joven refugiada comenzó a narrar su experiencia a El Panamá América.
Llegaron vía marítima en una panga, desde Juradó; ella en estado vegetal, pues su parálisis había sido fulminante. Su madre decidió huir de ese pueblo porque el 12 de diciembre la guerrilla y paramilitares habían iniciado su enfrentamiento.
Las amenazas a la población eran intensas y mejor era mantenerse mudos. Los "paras" como se les conoce a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), dijeron que no responderían por la vida de los jóvenes.
"No entendía por qué los pobres campesinos tenían que sufrir"; los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se tomaron el pueblo en menos de 24 horas.
Tocaron suelo panameño el 19 de diciembre, luego de atravesar las desafiantes y peligrosas aguas del Pacífico. Durante el viaje Milena le daba ánimos a Eneida, pero se sentía mal.
Para su desplazamiento desde su natal Colombia tuvieron que pagar una suma de dinero que no tenían, y vender la mayoría de sus enseres. Milena dijo no recordar quién la hirió en la espalda. Sólo recuerda que despertó en un centro médico de Medellín. "Aquí tengo mi sueño tranquila, no me van a tocar mi puerta, ni voy a escuchar un disparo", dijo la risueña morena, quien enfatizó que por su seguridad y salud prefiere estar en Darién.
En Panamá logró desafiar su impedimento físico. Inició su rehabilitación, a través de un permiso, en el hospital Manuel Amador Guerrero, provincia de Colón.
Allí una fisioterapeuta le ayudó a mover sus brazos y tronco. Ha continuado sola en casa las terapias, como se lo indicaron.
Quienes la vieron llegar testimonian que ha progresado significativamente.
Milena tenía que acudir a una cita médica en Colón, el pasado 28 de agosto, pero dijo que la Dirección Nacional de Migración y la Oficina Nacional para los Refugiados (ONPAR), no le otorgaron el permiso.
Pese a este inconveniente, tiene esperanza de poder continuar con su rehabilitación en los próximos días. Ella necesita también una consulta con un urólogo, pues manifestó que tiene complicaciones.
El jefe de ONPAR, Harmodio Jiménez, dijo a El Panamá América "que aquellas personas que detentan la protección temporal humanitaria o de refugiados han gozado en Panamá de los beneficios de educación y salud".
Explicó que "hay que seguir un trámite que implica la referencia del médico del área. Incluso ACNUR a través de ONPAR ha sufragado altas sumas de dinero que alcanzan hasta los 11,000 en el traslado de personas enfermas".
Milena expresó que no podía echarse a llorar por este obstáculo, porque tiene que darle fuerzas a su madre. Eneida Garcés pudo regresar a Juradó a través de una comisión creada para que palparan la situación actual de la ciudad, junto a otros paisanos con motivo de la repatriación. Pero dijo que no regresará a su natal Colombia, pues en el estado en que se encuentra su hija, el hospital no tiene los especialistas ni las condiciones para ayudarla.
Eneida ya había terminado de preparar las cocadas que serían vendidas en el pueblo por el pequeño Plácido, de 10 años. Había que aprovechar la presencia de muchos turistas.
En medio de la conversación las lágrimas brotaron incontenibles. No soportó recordar que aún dos de sus hijos están en Colombia, y su dolor se profundiza porque el de 21 años se prepara para el servicio militar obligatorio.
Dice que cuando fue a Juradó aquello le pareció un "teatro montado". Por lo que le mostraron las autoridades, todo se veía normal.
Pudo averiguar que había sólo tres médicos y varias enfermeras, una escuela abierta y la otra ocupada por militares. "No tienen cuartel", lo que puede poner en peligro a los estudiantes si hay una incursión armada, sostuvo.
Sólo en el denominado casco urbano hay seguridad. Más de cien soldados profesionales cuidaban el área y se movilizarían al área rural, luego de ser relevados este mes por los soldados campesinos.
Eneida aseguró que el alcalde de la ciudad no le pudo responder sus inquietudes, ni tampoco de las condiciones actuales de Juradó. No quedó convencida, por lo que decidió no repatriarse junto a sus hijos.
Pensó primero en las condiciones de salud de Milena, quien aunque no reciba en estos momentos las terapias, tiene acceso a un buen servicio hospitalario.
También recordó a Didier Zuñiga, su otro hijo de 16 años, quien se ganó una beca para estudiar en el centro básico de Metetí. Tampoco quiere negarle la oportunidad a Plácido y a Stailer, de 12, de continuar con su educación básica.
Milena miraba a su madre con dolor, mientras Eneida decía que no puede regresar porque sus hijos pequeños tienen mucho temor.
Esta familia se acogió a los principios de voluntariedad para no retornar.
Eneida Garcés y sus hijos no han sido acogidos como refugiados. El ACNUR reconoce la figura de protección humanitaria provisional cuando el Estado que recurre a ella tiene un excelente proceso de elegibilidad de refugiados. En Panamá, por la gran demanda, no es posible responder adecuadamente.
Pese a su impedimento físico, Milena Mosquera se las arregla para vender bolis y paletas en su casa. En la tierra que la acogió disfruta de un paseo al atardecer en su silla de ruedas, y mirar las olas.