Son las cinco de la madrugada. Un viaje de cuatro horas hacia el Este de Panamá, se convirtió en la alegría de más de doscientos niños y niñas.
La provincia de Darién fue el destino. A las siete de la mañana, ya el Sol dejaba verse en Tortí.
Tramos carreteros de hasta medio kilómetro, con enormes baches y lodo, dificultaban el viaje hacia la región.
Los obstáculos no impidieron que 271 infantes tuvieran uno de sus sueños más anhelados y que haría realidad la Fundación Pro-Niños del Darién.
En la primera parada, noventa y seis caritas alegres de la Escuela El Tirao, cantaron la poesía "Gracias", en recibimiento a los padrinos, representantes de la Fundación, Panamá América y Elektra Noreste.
Los niños miraban desesperadamente al fondo del salón. Su intranquilidad, una mesa llena de regalos, pero antes, todos hacen fila para recibir sus bolsas de pastillas con frutas, libros de colorear y un delicioso dulce.
Una llovizna inesperada no cesa. Se hace necesario el traslado hacia la Escuela Altos del Cristo. La sensación de expectativa por nuestra llegada era casi tangible.
Durante el recorrido, los pobladores que caminan a orillas de la calle, muchos en botas de caucho, parecía no afectarles el bajareque.
Ya en la segunda parada, el brillo del Sol se refleja en el rocío del exuberante verdor que rodea este centro educativo.
Intercambio.
Mientras Damaris Marín, directora del plantel, expresaba su agradecimiento, podía escucharse la risa de alegría y los gritos de quienes querían pegarle más de dos veces a "Tyron", la piñata.
Marín dijo que muchos de los educandos, no tienen la oportunidad de abrir un obsequio en Navidad, por lo que dio muestra de reciprocidad a todo el equipo logístico, con fresca agua de pipa y ricas empanaditas rellenas de piña.
En uno de los salones estaba Edison, parecía tener una disputa entre su vaso de soda y el regalo. Al parecer se trataba de que quería tanto tomar su refresco, como abrir el presente al mismo tiempo.
Todavía quedaba una parada, en Villa Darién se tendrían más sorpresas.
Nuevamente el cielo se torna nublado y las delgadas gotas de lluvia comienzan a caer.
En la escuela Anayansi hay cien estudiantes, entre ellas está Maryories Herrera, presidenta del gobierno estudiantil.
Ella tiene claro sus objetivos, velar por mantener la escuela limpia y que no rayen paredes.
Algunas penurias en las escuelas, son el agua potable, baños higiénicos, vestimenta, zapatillas, y útiles escolares.