Nación

El hambre azota en los bananales

Hombres, mujeres y niños de las fincas bananeras de Divalá, subsisten en un ambiente de penuria, desnutrición y falta de recursos.


Por muchos años, las tierras de Divalá fueron privilegiadas con los mejores especímenes de banano. Pero hoy, esa época de bonanza ha sido reemplazada por angustiosos momentos de crisis económica que ha provocado la muerte de una infante por desnutrición.
El producto de las fincas independientes ubicadas en el distrito de Alanje, en Chiriquí, fue comercializado en mercados internacionales con considerables ganancias.
En la actualidad, cinco de las 13 fincas se encuentran en un abandono total. Sólo se respira hambre y desesperación entre las más de 500 familias. El Panamá América se trasladó al área para conocer de cerca las penurias de una región abatida por la miseria como consecuencia de la falta de recursos.
Esta fruta, que alguna vez sirvió como fuente de ingreso, es hoy lo único con lo que cuentan para saciar el hambre. En ese triste caminar parece no haber esperanzas. Sin luz, agua y apenas con bananos sancochados, en Divalá la tragedia humana se ha apoderado del otrora fructífero sector.
Niños desnutridos, brotes de hepatitis, enfermedades respiratorias, gastrointestinales, diarreas e infecciones en la piel, son algunos de los padecimientos más comunes.
Y en medio de aquel desgarrador drama hay que añadir el porcentaje de menores que abandonó sus planteles ante la falta de recursos económicos de sus padres. Los que continúan asistiendo toman nota en las páginas usadas de viejos cuadernos, renuentes a abandonar el pase a mejores días.
El llanto de los niños es común; sus ropas sucias, sus pies descalzos y el sonido de una tos aguda y permanente, fue parte de lo que el equipo de El Panamá América percibió en Divalá.
La sobrina de Aurelia de Gracia vivió, desde que vino al mundo, con la carga del hambre a cuestas. Con sólo dos meses de nacida, su pequeño cuerpo no resistió las complicaciones provocadas por la mala alimentación y murió prematuramente.
Su madre, Ubaldina Mariano, estuvo durante varios días entre la vida y la muerte, padeciendo de trastornos agudos en el páncreas, sin embargo, la rápida atención de los médicos logró salvarla.
El Panamá América fue testigo de lo que se vive en su humilde hogar, donde reside con su madre y su padre, que trabajó por más de 29 años en las fincas y recientemente perdió una vista en un accidente. Allí también encontramos a sus nueve hermanos, tres de ellos sordo mudos.
También Enilda Valdez es una de las tantas madres que sufre la desidia y desesperanza de una dura crisis. "La situación en los campamentos (como se le conoce al conglomerado de las casas que se encuentran dentro de una finca), es muy difícil", dijo con voz resquebrajada.
De inmediato comentó que para ella las últimas semanas han sido aún más traumáticas, ya que lastimosamente su esposo laboró por más de 17 años como obrero en las bananeras y hoy se encuentra muy enfermo, producto de una úlcera. Señaló que la poca ayuda que recibe para poder alimentar a sus cinco hijos y a su esposo enfermo, se la dan familiares que conocen "lo que estamos atravesando".
Juana Sánchez, de 52 años, con lágrimas en los ojos, comentó que es triste ver cómo los niños tienen que ir a la escuela sin desayuno y que al regresar sólo se encuentren con bananos sancochados o arroz con frijoles con un poco de té sin leche, lo que se convierte, en la mayoría de los casos, en la única comida que ingieren durante el día.
En su casa vive con el esposo y una hija que tiene tres niños pequeños. Para alimentarlos muchas veces busca ayuda con algunos familiares residentes en el distrito de Barú, quienes le suministran alimento.
Y una cosa lleva a la otra. Explicó que anteriormente había carretas en las que transportaban a los pocos niños que asisten a la escuela, cuyo costo era asumido por el sindicato, mediante la cuota obrera.
Sin embargo, hoy, ante la falta del pago a los transportistas, éstos han suspendido el servicio, lo que ha provocado que los niños y jóvenes tengan que emprender un recorrido de unos 45 minutos a pie para llegar al plantel.
Ante la falta de recursos, las familias han recurrido a métodos como el uso de las hierbas silvestres para curar las enfermedades comunes. Viajan al río para buscar uno que otro pez para poder variar las comidas, pero hasta éste les está dando la espalda y sólo les provee de pequeñas sardinas.
Son 800 trabajadores que han quedado cesantes desde hace más de ocho meses, cuando las fincas fueron paralizadas debido a los problemas financieros que las afectaron y que provocaron su cierre. La situación ha provocado, incluso, que algunos emigren a otro lugar, pues consideran que el área está impregnada de una desidia y pobreza que no se puede soportar más.
Autoridades médicas de la provincia han señalado que los problemas de salud son consecuencia de las condiciones de vida en que se encuentran esas áreas, específicamente las oscuras viviendas que no cuentan con agua potable ni luz.
El director institucional de la Caja de Seguro Social, Enrique Fernández, explicó que análisis clínicos han determinado que existe un alto grado de contaminación del agua que consumen, que es extraída de pozos. Indicó que este líquido dio positivo en las pruebas de bacterias Ecolis, que se presentan en los residuos de las heces fecales.
Los padecimientos más comunes son las diarreas, enfermedades respiratorias, infecciones gastrointestinales y algunas otras, sin embargo, se han controlado por el momento, incluyendo el brote de hepatitis que provocó el fallecimiento de una persona y que afectó a otras 18.
De acuerdo con las autoridades médicas, la policlínica de Divalá, que atiende a la mayoría de las personas proveniente de esa población, el mayor problema se presenta por los malos hábitos de alimentación. Manifestaron que diariamente esa entidad de salud atiende alrededor de 100 pacientes de los cuales un 15% presenta grados de desnutrición leve y moderado.
La dieta alimenticia que mantienen está saturada de carbohidratos, tomando en cuenta que se trata de bananos, por lo que carecen de proteínas, que es otro elemento esencial para el organismo. Informaron que a pesar de los problemas de secuestro que mantienen las fincas, la atención se ha garantizado a los afectados.
Paulino Cedeño, secretario general del Sindicato de Trabajadores de las Fincas Independientes, mencionó que las personas que viven en esta situación pertenecen a las cinco fincas con problemas financieros: Santa Ana, Santa Elena, Rosalía, Santa Catalina y Santa Lucía.
Pero al resto de las fincas no se le está brindando ningún mantenimiento para tratar de conservar la producción, por lo que eventualmente podrían confrontar el mismo problema. Dijo que a través del Ministerio de Comercio e Industrias y del Ministerio de Trabajo han mantenido conversaciones para lograr que mediante las Leyes 24 y 25 de reconversión del sector agropecuario se les pueda suministrar a los propietarios alguna ayuda para cancelar los salarios caídos a los obreros, y tratar igualmente de volver a poner en funcionamiento las fincas.
No obstante, señaló que hasta el momento no existe ninguna posibilidad de que los bancos o las entidades crediticias accedan a permitir el financiamiento de unos B/. 70 millones. En tanto, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario, en cumplimiento de la Ley 25, sólo ha destinado unos B/.30 millones para todo el sector agropecuario.
Cedeño enfatizó que sólo en el renglón de salarios se les adeuda a los obreros B/. 800 mil, además de las prestaciones y pensiones que les fueron descontadas y no canceladas. Por otra parte, la representante del área, Melva Aguilar, dijo que es muy difícil brindar alguna ayuda a las personas de ese sector, ya que la Junta Comunal depende del Municipio de Alanje que se encuentra subsidiado. Sin embargo, apuntó que los legisladores y los alcaldes de la provincia se han comprometido a realizar aportes económicos.
Hoy, lo único que mueve los corazones afligidos de los bananeros es el resultado de la Radiotón que se realizará el 1 de junio en el Parque de Cervantes, en la ciudad de David, el cual es organizado con la finalidad de que la ciudadanía contribuya con alimentos, ropa, útiles escolares, entre otros aspectos. A pesar de las pocas esperanzas que tienen de que la situación y el problema económico se supere, los rostros sonrientes de los niños de Divalá mantienen viva la llama de la ilusión de mejores días.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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