Cuidaban los cartoncitos con sus nombres como si fueran oro en polvo. A un niño que se le perdió pareció de pronto que el mundo se le iba a caer encima, hasta que una de las Epasianas le dijo que no se preocupara que él aparecía en el listado que proporcionó la Sra. Yolanda Mendoza. Otra pequeña a la que se le cayó (se los habían engrapado en la ropa para facilitar su identificación al momento de darle los regalos) lo recogió y lo apretaba en su manito izquierda, mientras con la otra sostenía un caramelo, para asegurarse de no extraviarlo.
No había convidados de piedra en esta celebración del Día de Reyes, el domingo 4 de enero, en la barriada San Martín, donde la familia de Editora Panamá América (EPASA) compartió momentos agradables con casi dos centenares de niños, niñas y madres de familia de esta comunidad chitreana, que nació, hace más de medio siglo, cuando los señores Inocencio Mendoza, Santos Trejos, Pedro Barría y Juan de Dios Barría se movilizaron al lugar. Otros le siguieron con el paso de los años. Procedentes de Las Minas, Los Pozos, Pesé y Ocú. Su situación de pobreza material no ha variado mucho.
Cada quien hacía algo para que el festejo fuese un éxito. Por un lado el sub-gerente general de EPASA, Ramón R. Vallarino A., corría de aquí para allá para no perderse ninguna escena de la fiesta y capturar con el lente estos momentos inolvidables. Por otro, había quienes ayudaban a niños y niñas a abrir un paquete de galleta, colocarle el carrizo al jugo, formar las diferentes filas...También estaban los que como la señora Madelaine Arias ayudaban a repartir el refrigerio, hacían de pared de contención al momento de tumbar la piñata, para evitar que alguien saliera lastimado.
Pese a su corta edad demostraron ser disciplinados/as y que saben seguir instrucciones cuando se les explica el porqué de una petición. Por ejemplo, a la hora de formar filas para retirar el refrigerio se les dijo "colóquense en filas, de menor a mayor". Así lo hicieron, con unas que otras excepciones (los pequeñines de 2-3 años).
Cuando comenzó la repartición de juguetes y ropa, fueron pacientes (cualidad no muy común en los niños) y aguardaron hasta que escucharon sus nombres. También se les pidió que evitaran ensuciar la casa de Dios y prontamente preguntaban dónde estaban las bolsas para depositar la basura.
Al momento de participar en los juegos escuchaban con atención a Rosita Guizado, jefa de redacción de