El Messerschmitt 262 fue el primer avión de combate a reacción (turbinas) en el mundo.
Este aparato volador, considerado el abuelo de los jets, fue maniobrado por pilotos alemanes que pusieron en el aire 300 de estos modelos durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1944, el ejército Nazi contaba con 15 mil aviones similares que superaban en velocidad y artillería a los de los aliados. Sin embargo, la inexperiencia en su control y el cerco de provisiones que impuso Rumania y otros países que suministraban etanol a Alemania para el funcionamiento de las aeronaves impidió que Adolfo Hitler siguiera desplegando a los aviones apodados como ‘golondrinas’.
Esta es solo una de la variedad de historias que formaron parte de la exposición de maquetas que conmemoró el medio siglo del Día D, la escalada militar aliada que inició con el desembarco de tropas estadounidenses e inglesas en las playas de Normandía, Francia, el 6 de junio de 1944.

El Hotel Tryp Panamá, en Bella Vista, fue la trinchera donde el grupo Modelistas Independientes de Panamá (MIP) mostró al público más de 50 réplicas a escala de tanques, carros, aviones, helicópteros, portaaviones, submarinos, cañones, uniformes, soldaditos y otros suministros militares utilizados durante la Segunda Guerra Mundial.
Ricardo Soto, miembro del MIP, comentó que cada año la Scale Models and Patrs, una tienda virtual de figuras para el modelismo, organiza un encuentro de este tipo. “Entre los organizadores se elige un motivo, eso depende de la importancia y la fecha en que se conmemore algún gran acontecimiento”.

A simple vista estos modelos de aparatos militares parecieran juguetes sencillos, pero según Soto, hacer una de estas réplicas cuesta algo de dinero y buen tiempo. “Un avión puede estar costando entre 35 y 40 dólares y requiere de tres meses para completarlo”.
El modelismo se ha convertido en un pasatiempo entre gente de distintas edades. Este consiste en adquirir figuras y accesorios a través de tiendas on line.
Los fanáticos de este hobbie compran los kits de sus artículos de preferencia que llegan desarmados. Posteriormente unen pieza por pieza con un pegamento especial, lo pintan y por último los arman.
“Por lo general, los hacemos para exposiciones y competencias, pero al final siempre quedamos coleccionándolos”, contó Gabriel Santa Cruz, joven que agregó que en muchas ocasiones hay personas que les solicitan que les armen objetos por lo difícil de esta tarea.