Nacionalidad. Ser panameño es un hecho sociológico y jurídico a la vez. Se trata de una mezcla conceptual que sin duda resulta en un acontecimiento del espíritu, sin perder su esencia material. Hace 104 años, los padres fundadores aprehendieron la panameñidad y avanzaron en un proceso que aún no culmina.
Singularidad. La panameñidad es, pues, una característica, ese algo que nos distingue del resto de la humanidad, a la vez que es un valor material que se traduce en derechos y deberes, en herencia del patrimonio geográfico e histórico.
Responsabilidad. Podemos concluir que lo panameño es un valor, tanto filosófico, espiritual, como concreto, y que nos incumbe a todos continuar con su elaboración. No somos un producto terminado; todavía podemos mejorar. Estamos en una encrucijada, y a todos nos toca aportar nuestro poco de creación.