BochornoQue los diputados llenen sus planillas con familiares ya no sorprende a nadie. Esta deleznable práctica lleva años, sin que la indignación de sus electores pueda corregirla.
DisparidadA esta reprochable actitud se une la caprichosa forma cómo se asignan los salarios. Los altos para los familiares y los de hambre para los otros funcionarios, quienes tal vez sean los que realmente trabajan.
DeformaciónContratar familiares en vez de funcionarios idóneos que mejoren la función legislativa, solo sirve para alimentar el clientelismo político. Mientras esta situación no cambie, estos fondos públicos solo servirán para traicionar la confianza de los electores.