Cordura. Después de casi una semana de sobresaltos, improperios, acusaciones y amenazas entre los presidentes de Colombia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, la versión XX de la Cumbre del Grupo de Río celebrada en Santo Domingo, capital de la República Dominicana, sirvió de escenario ideal para que en una larguísima sesión de catarsis entre los protagonistas del conflicto, se limaran las asperezas y se bajaran las tensiones con miras a emprender el camino de la reconciliación entre naciones y pueblos hermanos.
Lecciones. Luego de superado el penoso episodio, quedan varias lecciones para todos, pero, sin duda alguna, la principal es que el lenguaje diplomático y las posiciones mesuradas y respetuosas, siempre serán mejor que los insuflados discursos y las palabras hirientes.
Artífice. Hay que rescatar el talento reconciliador exhibido por el presidente dominicano Leonel Fernández, quien supo manejar una situación tensa, difícil en extremo, que auguraba un recrudecimiento del conflicto. La efectiva mediación de Fernández, sumada a la contundencia de la verdad, lograron acercar a los hasta ayer distantes extremos.