Desastre. Esa es la palabra que describe el servicio público de transporte en la ciudad de Panamá, en manos de verdaderos criminales, que cada día que pasa, ofrecen más riesgo, más caos y más luto.
Promesa. El gobierno de Martín Torrijos prometió orden en el transporte urbano. Tuvo el escenario ideal y el apoyo unánime de la población. Pudo más la pusilanimidad que el clamor ciudadano.
Reflejo. Que la capital del país ofrezca a sus habitantes y a miles de visitantes y turistas de todo el mundo, el vergonzoso sistema actual, es algo que refleja la categoría de gobernantes que tenemos.