Amenaza. La ciudad capital, rehén ya de los diablos rojos, se enfrenta ahora a una nueva bestia: los camiones volquete, que hacen de las suyas sin Dios ni Ley en medio de un crecimiento alocado de la economía.
Sistema. Resulta que los conductores de estos enormes vehículos cobran por vuelta, razón por la que su rutina se torna en una desesperada competencia.
Vicio. Esto recuerda lo que ocurre también con el transporte urbano de pasajeros: Hay que acelerar, sin cuidar normas ni vidas, porque hacer las cosas bien, se traduce en llegar de último, y no comer. ¡Hasta cuándo!