SeguroLa institución, querida y odiada por los panameños, enfrenta desde hace décadas su derrumbamiento. Gobierno tras gobierno el país ha sido testigo de indiferencia unas veces, y de negligencia en otras.
En todo caso, la consecuencia es siempre la misma: mal servicio. IndolenciaLa peor parte de la tragedia es, tal vez, el intratatable funcionariado. Sus malas maneras, la falta de caridad, la pésima atención a los adultos mayores, la poca atención a los detalles.
Es, sin duda, un aderezo amargo al ya inmanejable caos. SolucionesEl pueblo panameño es, de sobra, esperanzado. O quizá es que no tiene opciones; está obligado a pensar que en esta ocasión el Seguro Social mejorará, que sus empleados serán más atentos y nunca faltará lo mínimo.
Ojalá así sea.