Ayer. Hace 500 años, quienes ejercían el poder público aseguraban que la Tierra era plana. Quien osara pensar, y menos decir lo contrario, era quemado vivo. La población, por temor, obedecía y creía, hipnotizada.
Hoy. En estos días no es muy diferente. El poder político sigue esperando que la población crea, embobada, que la palabra oficial es verdad universal. Que los otros son los malos, y ellos los buenos.
Verdad. El poder hipnótico de la política no tiene límites, si la población lo permite. Lo correcto es procesar la información, dudar, pensar. Solo así viviremos la democracia, y evitaremos que otros nos hagan creer que la Tierra es plana.