La Ciudad Deportiva “Irving Saladino” debe ser un motivo de profundo orgullo para los panameños. No en vano, allí se invirtieron unos B/ 40 millones de todos los contribuyentes. En Centroamérica no hay nada parecido.
Prosperidad.
La modernidad de esta obra refleja la prosperidad económica, la paz social de la que gozamos y el interés de los panameños de que el país retome viejas glorias deportivas.
Indolencia.
Pero sobre esta obra se posa un negro nubarrón. La falta de urbanidad de algunos inadaptados que el mismo día de la reapertura del “Rommel Fernández”, se dedicaron a ensuciar y destruir los baños del estadio. Exigimos instalaciones del primer mundo y nos comportamos como verdaderos bárbaros.