Adaptación. Algunos funcionarios, quienes nunca habían tenido responsabilidades en el sector estatal, siguen sin entender las diferencias entre los procesos en una empresa privada, y los que exigen las entidades públicas. Consecuencias. Los resultados son los esperados: estancamiento o metidas de pata. Como no asimilan ni quieren asimilar las limitaciones impuestas al servidor público, toman atajos, lógicos algunos, y tal vez hasta con buenas intenciones, pero que enredan más los asuntos. Cambio. Es cierto que en ocasiones la burocracia lleva en su seno el veneno que mata los procesos, que los aletarga y corrompe. Pero no es menos real que sin controles y usos adecuados, la seguridad y transparencia peligran.