Crisis. La situación en Bocas del Toro ha llegado demasiado lejos. La paradisiaca provincia se ha convertido en un campo de batalla, en donde el único perdedor es el país.
Su economía e imagen turística han sido severamente afectadas y le tomará años recuperarse de este duro golpe.Intereses. El Gobierno y los manifestantes deben escuchar el clamor nacional y deponer sus intereses. Paralelamente, los sectores ajenos al conflicto tienen que sacar sus manos inmediatamente, para propiciar que la intransigencia dé paso al diálogo.Mediación. La Iglesia católica se ofreció como mediadora y nadie le ha prestado atención.
Lo primero que deben hacer los voceros del Gobierno y de los manifestantes, es dejar a un lado su encendido lenguaje. De lo contrario, ningún acercamiento prosperará.